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M. Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

Sobre este blog de Nacional

Una cuenta atrás hacia las elecciones más importantes (y previsibles) de la democracia reciente.


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  • 08
    Abril
    2014

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    El primer acto del gobierno PP/PSOE

    Bienvenidos al choque de civilizaciones en el Congreso. El levantisco Artur Mas baja a Madrid para el funeral de Suárez, pero prefiere ausentarse de sus propias exequias. Es tal vez su primer traspié desde que inauguró el proceso hacia una Cataluña independiente, en la que no cree pero que le ha sido impuesta por las masas. De hecho, la intervención de CiU que inaugura el debate parlamentario aborda la separación de España como una circunstancia con la que se toparon inopinadamente  el 11-S de 2012, mientras gobernaban rutinariamente la Generalitat.

    Rajoy entró en el Congreso de la mano de Alicia Sánchez Camacho, el representante de la primera fuerza política española junto a la número uno de la sexta fuerza catalana. En su intervención volvió a demostrarse que el presidente del Gobierno trata a Cataluña de usted, porque “yo creo en Cataluña más que ustedes”. Cuando habla de “sentimientos y afectos” o de “amor entrañable”, suena especialmente falso, trompetería de madera. Gimotea que “separados todos perdemos”, para hablar de inmediato de “amenazas” y acusar a los diputados catalanes de mentiras que ni habían pronunciado, porque el discurso presidencial estaba cocinado de antemano.

    Rajoy enfatiza tanto que enuncia lo contrario de lo que pretende, en “¿por qué no es ni siquiera inimaginable que esto ocurra?” Se adentra en terreno resbaladizo al fanfarronear de la intangibilidad de los “derechos de reunión y manifestación”, que hace lo posible por vulnerar. Y yerra llamativamente el presidente del Gobierno o sus escribanos, al sentenciar que “algunas cosas no cambian con plebiscitos”. Según la Real Academia, un plebiscito es una “consulta que los poderes públicos someten al voto popular directo para que apruebe o rechace una determinada propuesta sobre soberanía, ciudadanía, poderes excepcionales, etc.” Admitamos en descargo de Rajoy que “plebiscito” no es una palabra frecuente en ‘Marca’.

    Rajoy no solo defiende que Cataluña forma parte de España, sino que es una parte más, circunstancia negada por su sacrosanta Constitución. Sin embargo, Rubalcaba superó en radicalismo racial a Rajoy. El Congreso ha celebrado el primer acto  del Gobierno de concentración nacional PP/PSOE, que se apunta como única mayoría posible tras las elecciones generales del año próximo. Por supuesto, dando por sentado que el PP presente una candidatura a los sucesivos comicios. El secretario general socialista repitió con aprecio y aplicación los argumentos de Rajoy, sobre la situación inmejorable de Cataluña y la inexistencia de agravios.

    El tándem de Rajoy y Rubalcaba omite que la Constitución arrasó sin contemplaciones con una legislación previa. A propósito, con la hostilidad del PP que hoya la enarbola. El líder conservador se limita a inhibirse, su actividad favorita. El socialista acompaña idénticos argumentos con su estéril agitación. Del otro lado, los mensajeros de CiU y ERC no deslumbraron precisamente con su oratoria cansina y más provinciana que independentista. En cambio, sobresalió de nuevo Joan Herrera, al colocar al Gobierno frente a sus inconsistencias, y al detallar cómo el ejecutivo se salta la ley para favorecer a sectores privilegiados, porque “quien rompe España es quien rescata bancos”. Al escuchar al Dúo Estático de Rajoy y Rubalcaba, acierta el representante de Iniciativa al señalar que no se vive el fin de un país, sino de un régimen, a veces llamado bifosilismo.

    Distingue Herrera entre independencia y distanciamiento. Fue la única voz singular en la renovada porfía de Antígona Cataluña, que reclama las reglas ancestrales, frente al Creonte Estado, que le niega la apelación al romanticismo porque sostiene que la delegación de competencias propiciaría el caos. “Yo estoy obligado a cumplir la ley”, dice el Rajoy que cobraba de Bárcenas en negro según su tesorero. Cataluña y España creen hablar desde la eternidad. No se trata de un mero conflicto porque, no importa el bando ganador, la pérdida del otro es una fuente de dolor para un sector significativo de la audiencia, que cree en los factores irreconciliables contrapuestos. Por tanto, se escenifica una tragedia. Rubalcaba ha de explicar el momento en que un votante del PSC prefiere ser gobernado por CiU que por el PSOE. Y Rajoy deberá aprender que todos los seres humanos desean simplemente ser comprendidos y generar un sentido de pertenencia, actitudes ue un porcentaje a definir no detecta en su Gobierno. La discusión conoce flujos y reflujos, pero ninguno de los bandos enfrentados habla ya de Cataluña como si estuviera dentro de España.

     

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