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ANTONIO HERRERO | SANTA CRUZ DE TENERIFE Adquirir drogas en las calles de Santa Cruz es más sencillo de lo que parece a simple vista y en la mayor parte de los casos los vendedores suelen ser menores de edad.
En la capital tinerfeña, según fuentes policiales, se pueden contabilizar hasta diecisiete lugares considerados auténticos supermercados de la droga callejera.
Entre estos sobresale la plaza del antiguo cementerio de San Rafael y San Roque, en el centro de Santa Cruz. La calle La Munite y el parque de Don Quijote son otros dos de los lugares sobre los que la Policía lleva a cabo una especial vigilancia.
La plaza de San Fernando, en el barrio Duggi, suele ser centro de operaciones de los camellos que venden al menudeo.
En la confluencia de la calle Pisaca y San Miguel, en el santacrucero barrio de El Toscal, tiene la Policía controlado otro punto de venta de sustancias estupefacientes.
El barrio marinero de San Andrés, concretamente la zona del castillo, es el punto de reunión de los distribuidores de la droga en esa zona.
Volviendo al centro de la capital, el parque de La Granja, la plaza de los Cantos Canarios y Los Verodes, aglutinan a los distribuidores de hachís que abastecen a algunos de los alumnos que estudian en los institutos ubicados en las proximidades.
La calle Gandhi, en el barrio de Miramar, y el mercado de la Abejera, en el barrio de Somosierra, son dos puntos controlados por la Unidad de Intervención Policial (Unipol). Otro punto negro es la zona del camino de El Hierro, cerca de la parroquia. Según las fuentes consultadas, Ofra, San Pío y Juan XXIII, junto con la Finca La Multa y Domingo Salazar Cólogan aglutinan a un gran número de vendedores que se distribuyen la droga entre la gran demanda tanto de Santa Cruz como de La Laguna.
El barrio de El Rocío y los alrededores del grupo escolar Estébanez Murphy, lindando con el municipio de Aguere, han visto cómo en numerosas ocasiones la Policía entraba para efectuar una redada por tráfico de drogas.
Valleseco y María Jiménez, concretamente las proximidades del campo de fútbol, son otras dos de las zonas controladas por la Policía.
La Rambla de Añaza y la calle Tano, en Santa María del Mar, son objeto de numerosas redadas por parte de la Policía Nacional y de la Local, aunque muchas veces con más ruido que con resultados positivos.
Llano Alegre, barrio situado frente al Hospital de La Candelaria, en concreto los alrededores de la cancha, es otro de los lugares donde habitualmente se reúnen los camellos al menudeo. En este caso, la asociación de vecinos ya se ha negado a abrir hasta las dependencias por los numerosos problemas que ello conlleva.
El Tablero tampoco se queda atrás, ya que la calle Cuatro Caminos aglutina a varios de los vendedores de drogas de la zona.
Pero tal vez el sitio que más ha visto crecer el tráfico de drogas a pequeña escala ha sido la Vuelta de los Pájaros, donde no sólo se puede conseguir crack y cocaína, sino que además la prostitución callejera ha hecho acto de presencia.
Han sido las numerosas críticas vecinales las que han llevado a que funcionarios de la Policía Local y de la Nacional lleven a cabo, un día sí y otro también, numerosos controles para tratar de erradicar este problema.
A este respecto, los sindicatos policiales han venido denunciando la falta de efectivos. Así, en Santa Cruz faltan entre los miembros de la Policía Nacional un centenar de agentes.
En cuanto a la Policía Local la situación no es menos halagüeña. Según representantes de CC OO, "en el mejor de los casos, Santa Cruz cuenta con cinco patrullas en coches y ocho motoristas operativos, es decir, una veintena de agentes en cada turno de ocho horas en la calle para cubrir una demarcación que abarca desde las Cumbres de Anaga hasta los límites con el Ayuntamiento de El Rosario". A ello se une que "los agentes en prácticas del Cuerpo Nacional de Policía se han marchado ya de la Isla, con lo que se vuelve a estar bajo mínimos", según un sindicato del cuerpo estatal.
En Santa Cruz hay un total de 56 plazas vacantes sin cubrir desde el año 2006.
Fichados
Muchas veces, el mercado suele estar en manos de los mismos camellos, que han sido detenidos en numerosas ocasiones.
Entre los más conocidos policialmente sobresalen el Tauco, los Gemelos de Añaza, uno de los cuales cumple condena en la prisión de Tenerife II, el Goyo, Manolito el Oreja, Quico Cabeza de Perro, el Baba, junto con Yausi el Chino, que operan en Añaza.
Otros vendedores de nueva hornada que han venido a unirse a los duros son Pedrito, Kevin, Juanma, Aytami o Dani el Negro, que vende en el bario de La Salud.
Pero tal vez, de todos ellos, los Gemelos de Añaza son los rostros más conocidos y los que sirven de ejemplo a los que se inician en el mundo de la venta de drogas. No en vano, estos se han visto envueltos desde tiroteos hasta palizas y una rocambolesca huida a Argentina hasta que decidieron entregarse, entre otras cosas, debido al cerco que le puso la Udyco de la Comisaría Provincial.
En la zona de las Cincuenta Viviendas de El Sobradillo destaca una menor, conocida como la Wendy, que distribuye drogas en unión de sus hermanos.
Los más conocidos en Cuesta Piedra son el Friki, el Tullido de Las Delicias, el Manguera de Santa Clara, el Botella, Yeray el Jaboncillo, Jaime el Ruina, el Pulga o el Patineta de Los Gladiolos, entre otros.
Variedades y tarifas
Las tarifas oscilan en función de la cantidad que pretenda adquirir el consumidor. El más barato es el hachís., que se fuma. A partir de cinco euros es posible conseguir un porro. Si pasamos a la cocaína, que se puede fumar y esnifar, las tarifas se disparan ya que medio gramo cuesta unos treinta euros. Si lo que queremos es heroína, que se puede fumar y pinchar en vena (en este caso, el efecto es más rápido, más potente y con un poder de adicción más elevado), el precio ya se dispara. Luego estarían las drogas de diseño que han visto devaluar su precio ya que en los años noventa una pastilla de éxtasis costaba alrededor de las cinco mil pesetas y en la actualidad se puede conseguir por diez euros. El tripi (LSD), que suele presentarse en forma de cartón impregnado con la sustancia, es una droga que ha caído en desuso por las secuelas que arrastra en la salud. Muchas de estas drogas de diseño eran fácil de adquirir en las numerosas fiestas que se realizaban en la zona sur de la Isla. En la actualidad han aparecido nuevas sustancias que están causando graves daños en la juventud, debido a la facilidad para que los consumidores queden enganchados y les sea muy difícil salir. Como ejemplo de ello, tenemos el éxtasis líquido, el MDMA, el cristal -un derivado de la metaanfetamina que se consume en polvo normalmente diluido en las copas de bebidas alcohólicas-, potentes analgésicos, normalmente compuestos empleados en veterinaria; todas ellas tienen un fuerte efecto en la conducta, en el control del comportamiento a la hora de conducir vehículos a motor, ya que merma sus facultades y provoca confusión, pudiendo incluso ocasionar la muerte por parada cardiorrespiratoria, golpes de calor, sobredosis y otros. En la época actual debido a la crisis económica la juventud corre mayor peligro de caer en este mundo. Contrariamente a lo que se piensa, estas sustancias no son exclusivas de zonas marginales ni de personas con reducida economía, sino que circulan entre la clase media-alta y muchos de los que la toman lo hacen incluso en sus puestos de trabajo.
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