MARÍA PLASENCIA | SANTA CRUZ DE TENERIFE
Luisa Rodríguez quería seguir los pasos de su madre y convertirse en una buena gran profesora. Eligió Biología y Geología como la especialidad que algún día enseñaría a los niños en clase, y siempre fue consciente de que para ello tendría que hincar los codos en medio de montañas y montañas de apuntes y pasar el angustioso trance de una oposición. En 2007 se puso manos a la obra con el objetivo de lograr su ansiada plaza en las pruebas que se celebrarían el año siguiente. "Perdí durante todo ese año un verano, unas Navidades, tres bodas, un entierro, más de un año de experiencia laboral y mis ahorros", resume la joven el proceso de estudiar, un proceso que concluyó con la decimotercer puesto de 50 plazas, pero eso fue antes de que se comenzaran a valorar los méritos, momento en que Luisa pasó al puesto 88, y se quedó sin plaza.
Patricia Martínez desechó meses y meses en los que el sacrificio fue demasiado grande: "Compatibilizar los estudios con un trabajo que en nada se parece a mi formación ni mi vocación y más de 2.500 euros" en centrarse en unas oposiciones, que se saldaron con una nota de 6,7420 "pero no es suficiente para ser funcionario, con sacar un cinco pelado es suficiente porque lo demás te lo da la Consejería", lamenta Patricia. Igual le ocurre a Mario Martín, que con casi 42 años vio, tras "dejarse las cejas estudiando", cómo su sueño de ser docente se esfumaba. Todo ello gracias al Segundo Protocolo, ese documento firmado años atrás por los sindicatos del profesorado que impide que los aprobados de una oposición que no obtengan plaza entren a formar parte de las listas de reserva. "Ese texto y su maquiavélica confección viene a decir algo así como ´a los aprobados ni agua´", denuncia Mario.
"Fue una gran sorpresa aprobar como también conocer de manos de un funcionario de la Consejería que no iba a promocionar hasta al menos el año 2011, y que además, subiría pocos puestos en la lista de sustitutos", recuerda Rebeca Pérez, quien añade que "al principio pensé que era una broma pero luego empezó mi pesadilla". "No he hecho ninguna sustitución, llevo años trabajando por cuatro duros, sin contrato y por supuesto, sin seguridad social", denuncia. Eva González sabía que no iba a obtener una plaza pero aún así se presentó a las oposiciones de 2008 "con la única ilusión de promocionar en las listas" y al término del proceso concluyó que "todo el esfuerzo no sirve de nada".
Los sindicatos educativos son el objeto del malestar de este colectivo y Eva les manda un recado: "Cuando dicen que esta reordenación va a mandar a la calle a muchos docentes, que piensen que actualmente hay muchas personas en la calle, sin trabajar, y unas oposiciones aprobadas". Emilda García está de acuerdo con estas críticas y añade que "es un privilegio que hubiera una apertura de listas en 2007 y que miles de licenciados sin oposición se pusieran por delante del opositor que aprobó sin plaza". Su caso, además, empeora si se tiene en cuenta que obtuvo un 8,1401 en las pruebas. "El año que viene me volveré a presentar pero con la lección aprendida y alicaída ya que estudiar y estar preparada no son sinónimos de éxito", lamenta Emilda.
Yolanda Lorenzo recuerda bien el tiempo de estudio para sus oposiciones: "Le dediqué todo mi esfuerzo y mi tiempo, horas y horas de estudio, noches de nervios sin dormir". Recuerda también la prueba oral y la espera de la nota, pero más daño hace la decepción de verse fuera "Todo mi mundo y mis ilusiones se derrumbaron", dice Yolanda. Mario Domínguez resume su situación: "Es desangelante". Tras diez años en lista sólo ha trabajado durante uno y tras tres oposiciones aún no promociona, y lo que es pero, aprueba pero no logra plaza. "Ya he empezado a estudiar para las próximas", añade.