PEDRO H. MURILLO | LA OROTAVA
El caserío de Masca supone uno de los enclaves de mayor valor etnográfico, además de conservar ejemplos únicos de la arquitectura doméstica canaria. Estas peculiaridades le han valido que sea declarado como Bien de Interés Cultural (BIC) por parte del Gobierno de Canarias. Son alrededor de 800.000 las personas que visitan este recóndito lugar en el que viven 140 personas aunque en el censo se recogen un total de 120 habitantes. El incendio de julio de 2007 puso a este peculiar paraje –el más visitado por los turistas después del Parque Nacional del Teide– en una encrucijada. Afortunadamente, tras dos años de aquel siniestro, el frondoso palmeral se ha ido recuperando paulatinamente y sólo resta concluir la total rehabilitación de las seis viviendas que se vieron afectadas por las llamas. Los habitantes del caserío de Masca hablan con orgullo de su zona y aseguran sentirse unos privilegiados por disfrutar de uno de los enclaves de la Isla en donde la fuerza de la naturaleza se despliega en todo su esplendor. "No queremos que Masca se convierta en un parque temático sino conservar las tradiciones y nuestra identidad", explica el representante de los vecinos de la zona, Riquelme Díaz. Y es que este pequeño núcleo quiere, de una vez por todas, sacudirse las cenizas del incendio para siempre.