LAURA DOCAMPO | SANTA CRUZ DE TENERIFE
Enseñarás a volar...pero no volarán tu vuelo. Enseñarás a soñar...pero no soñarán tus sueños. Enseñarás a vivir...pero no vivirán tu vida. Enseñarás a cantar...pero no cantarán tu canción. Enseñarás a pensar...pero no pensarán como tú. Pero sabrás que cada vez que ellos vuelen, sueñen, vivan, canten y piensen... ¡Estará en ellos la semilla del camino enseñado y aprendido!
Así le habló la Madre Teresa de Calcuta a las madres del mundo, reconociendo la envergadura de una empresa tan compleja y sacrificada como la suya. El instinto maternal se da en todas las especies de mamíferos. Lo llevamos escrito en los genes. Nuestra particularidad está en que las crías del ser humano son las que más tardan en madurar de todo el reino animal.
Un dicho popular pregona que "te darás cuenta de que ya no eres un niño cuando un beso de mamá ya no te quite las penas". Ane Miren ha dado muchos besos quitapenas en su vida. Tuvo su primer hijo a los 23 años y hoy con 40 se afana en seguir dándoselos al sexto, de apenas dos años. La maternidad ha sido su gran proyecto vital, meditado y planificado desde la infancia. "Cuando era niña y me preguntaban qué quería ser de mayor decía que quería ser madre", asegura. Cuando se casó con Juan Carlos tuvo claro que cumpliría con ese sueño y que, además, serían unos padres jóvenes.
Sus hijos tienen 18, 16, 15, 12, 11 y 2 años. Los tuvo tan seguidos que en siete años tuvo cinco hijos. "Era tremendo. Iba a todos lados con uno en el carrito, otro en la mochila, otro en brazos y otro de la mano. Alguien que trabaje en una guardería ocho horas diarias puede entender perfectamente de lo que hablo", dice ahora entre risas.
En medio de lo que podría haber sido un caos, Ane apostó por inculcar ciertas normas y organizar a su pequeña tropa para hacer que todos colaboraran en la medida de sus posibilidades. "Mi prioridad era siempre atender primero al más pequeño y a los demás les pedía la ayuda que eran capaces de dar: que me trajeran el pañal para cambiarlos, que recogieran los juguetes?Una vez atendido el bebé, me dedicaba a los demás".
Además de una organización cuasi cronométrica, ser madre de seis hijos hace que " planifiques todo". "Llevarlos, traerlos, el fútbol, un cumpleaños, el dentista, la compra, las tareas? Estás siempre con la agenda llena de cosas", confiesa.
Pero como no hay plan perfecto, los imprevistos hicieron que algunas veces fuera necesario pedir socorro. "Si un bebé tenía alguna complicación que requiriera hospitalización, como me ha pasado, todo el orden se venía abajo", dice.
Otra cualidad necesaria es la practicidad. Comprar y cocinar para ocho dos veces al día exige mucho esfuerzo. "Lo gracioso de las comidas era que a cada uno le gustaba algo diferente. Por ejemplo: cocinaba un arroz y empezaban ´a mí no me pongas esto´, ´a mí no me gusta con aquello´, ´yo lo prefiero así´... Empezaba a quitar y terminaba con un arroz blanco para todo el mundo".
La organización ha hecho que esta familia pueda funcionar. Sin red familiar de apoyo-ya que su familia está lejos- y sin la ayuda su marido -que ha tenido una ocupación profesional con horarios muy intensivos-, Ane ha tenido que enfrentarse a este reto sola. "No es que él no me ayudara, es que se pasaba el día trabajando", recuerda. Tampoco su situación económica les permitió contratar servicio doméstico. Este es un lujo que pueden permitirse 33.000 (un 11%) de los 306.000 hogares de Tenerife, según los datos del Instituto Canario de Estadística (Istac). "Ahora miro para atrás y me pregunto cómo he podido hacer esto. Lo único que sé es que se puede", aconseja.
Con experiencia en esto de celebrar su día, explica que "el Día de la Madre en casa nunca sabes lo que puede pasar `[risas]. Los más pequeños suelen venir con un regalito que hacen en el colegio, que a veces incluso no tienen paciencia y me lo dan unos días antes. Es todo muy tierno. Entre los mayores tengo algunos que son muy cariñosos, que vienen y me abrazan y me dicen que me quieren, y hay otros que son un poquito más ariscos. Nos lo pasamos muy bien", concluye.
Según los últimos datos publicados por el Istac, en 2006 hubo 20.668 nacimientos. De estos nuevos canarios, seis de cada diez fueron primogénitos y tres ya tenían una hermana o hermano mayor. El 10% restante, con el que la familia adquirió el estatus de numerosa, fue acaparado por un tercer hijo en 1.533 casos. Sólo 338 mujeres dieron a luz a un cuarto hijo, 94 a un quinto y apenas 33 superaban la barrera de los seis retoños.
Ahora mismo, de acuerdo con los datos de la Asociación Tinerfeña de Familias Numerosas +D2, en Canarias hay 60.000 familias con tres hijos y 10.000 con más de tres. Estas cifras colocan a las Islas entre las comunidades autónomas con más familias numerosas de todo el Estado. Sin embargo, "con ese título del Gobierno de Canarias solo hay 17.000 familias", asegura Rosalba González Batista, gerente de +D2, que achaca la diferencia entre ambas cantidades a la escasez de beneficios de los que gozan quienes se enfrentan al papeleo que implica conseguir esa categoría.
De la carencia de apoyos puede dar testimonio en primera persona Rosalba. Divorciada hace cinco años y con tres hijos varones de 15, 14 y 13 años, a medida que su familia fue creciendo comenzó a dejar de lado actividades como ir al gimnasio o salir con sus amigas, primero, y después terminó por dejar su trabajo como docente. "Lo hice porque sentía ganas. En esto nadie me presionó. Eran mis hijos y esta oportunidad la iba a tener sólo una vez. Y quise aprovecharla."
Dedicarse a criar a sus tres hijos también significó asumir casi todas las tareas de la casa. "Mi pareja no me ayudaba, sólo tenía a mi madre que me echaba una mano", confiesa. Su experiencia en este sentido es "igual a la de la mayoría de las mujeres, tanto si hablamos de familias numerosas o no, que siguen quejándose de que su pareja no se implica en las tareas domésticas, ya sea que trabajan los dos fuera o no". Para ella, "hay muy pocos hombres que acepten la obligación que adquieren al tener una familia".
Con 44 años, y un trío de adolescentes en casa, Rosalba ha vuelto a trabajar desde hace unos años. Su labor en +D2 consume una jornada diaria de siete horas a la que, de vez en cuando, se suman horas extras con reuniones y viajes. Pese a tener que compatibilizar su actividad profesional con el cuidado de su casa, afirma que "los divorciados tenemos más tiempo para nosotros mismos del que teníamos cuando vivíamos en pareja". "Ahora, por ley, el padre tiene que asumir sus responsabilidades", dice. Es entonces, mientras sus hijos están con el padre, cuando vuelve a haber espacio en su vida para estudiar, nadar, bailar y sobre todo para "su gran vicio", la lectura.
Para hoy no espera grandes regalos. A ella lo que de verdad le gusta son los detalles. "En el Día de la Madre lo que quiero es estar con ellos y pasar un día tranquilo", insiste aunque sugiere que "no estaría mal que me prepararan el desayuno y me regalaran una tarjeta con un mensajito cariñoso".
Es evidente que piden poco las madres a cambio de la gran dedicación que profesan para criar durante décadas a sus crías.
"En España, los que hemos decidido tener una familia numerosa somos unos auténticos héroes". Eso cree Rosalba al comparar los 30 euros mensuales que recibe una familia española con los 800 de Francia o los 1.200 de Luxemburgo por hijo.
Con una de esas ayudas todo hubiera sido bien distinto también para Iosune Nieto. Pamplonesa de nacimiento, lleva casi la mitad de su vida en Tenerife trabajando como periodista. Desde muy joven quería ser madre y se atrevió a hacerlo sola. Su hogar pertenece, según la Encuesta de Ingresos y condiciones de vida de los hogares canarios del Istac a una minoría del 9 por ciento de unidades familiares compuestas por madres solas con hijos, frente al 44% integradas por parejas con hijos.
Su hija es hoy una preciosa niña de 8 años que no deja de abrazarla y besarla cada vez que la tiene cerca. Pero sin pareja y con su familia a mucha distancia, la maternidad no ha sido nada fácil para ella que al final se encontró en una situación en la que todo se resolvía "sacando la cartera".
Su sueldo como redactora de un periódico la convirtió en una ciudadana de clase media, que no era lo suficientemente pobre como para acceder a las ayudas oficiales, ni tampoco lo suficientemente rica como para tener una niñera en casa y centrarse en su profesión sin agobios.
En esas circunstancias tuvo que elegir una guardería privada, al no encontrar una plaza pública en Santa Cruz. También el colegio es concertado, no sólo porque tiene un horario más amplio que el público, sino porque el que le tocaba tampoco tenía comedor. "El colegio termina a las 17:30 horas y si la pones en una actividad tiene una hora más", dice.
La rigidez de horarios del sistema educativo se contrapone con una profesión como la suya en la que no hay reloj. "Si algo define los ocho años transcurridos desde que nació mi hija es el estrés. Vas corriendo a todo y el objetivo es siempre estar a la hora de la salida del colegio para recoger a la niña. A partir de ese momento, ya puedes respirar. Aunque poco, porque enseguida empiezas a preparar la cena, la tarea... hasta que cae dormida", detalla.
Muchas veces "he tenido que llevar a la niña a centros de juegos para completar la jornada o para cubrir los puentes y algunos festivos", recuerda. Pero cuando ya su hija se hizo un poquito mayor, la solución fue, en ocasiones, llevarla con ella a la redacción. De aquellos tiempos destaca el apoyo de sus compañeros y "la comprensión". "La mayoría la han entretenido, la han soportado, porque a veces también molesta tener una chiquilla rondando por las mesas, y se la han llevado a dar un paseo y ha vuelto con papas fritas o un chocolate. Pero aprovecho para destacar como un verdadero lujo a mi última jefa, Estela Crespo (jefa de Sociedad de La Gaceta de Canarias), por su sensibilidad hacia mis circunstancias", resalta.
Desde que en octubre de 2008 La Gaceta solicitara el concurso de acreedores, Iosune está en paro. Pese a haber tenido posibilidades de ascenso profesional a lo largo de su carrera ha elegido "renunciar al dinero y el prestigio que te puede reportar un puesto mejor" por ser madre.
Además de ponerle techo a su carrera profesional ,de cobrar menos que sus compañeros por no poder ofrecerle a la empresa "libre disposición", no optar a viajes para cubrir algunas informaciones o ir a actos más lúdicos a los que muchos de sus colegas acudían, también su vida social se redujo a "fechas señaladas". Confiesa que "la vida social de los primeros años desapareció por completo" y añade que ahora "sólo salgo si tengo una buena excusa: un cumpleaños, Carnavales, una fiesta de Navidad".
El tiempo, la energía y el amor que Iosune, como tantas otras madres anónimas, ha dedicado a la compañía, los cuidados, los juegos y, en definitiva, la crianza de su hija "ha valido la pena". "Un hijo te da muchas satisfacciones, cambia tu modo de ver la vida. Hace que todo cobre sentido y el mundo sea un lugar mucho más bello", recalca.
Hoy a Iosune le espera un regalo hecho por su hija en el colegio. Pero al margen del Día de la Madre, la pequeña suele dejarle notitas en las que le habla de cuánto la quiere. "A ver si sigue igual cuando sea adolescente", se pregunta la periodista.
Estefanía Rizo tiene 24 años y está embarazada de 26 semanas. Trabaja como diseñadora en un momento en el que el futuro se vislumbra complicado y se siente preocupada por la coyuntura socioeconómica que dará la bienvenida a su bebé. Todo esto la tiene un poco estresada y cansada. No tiene naúseas ni se le hinchan las piernas, pero desde hace meses que lucha contra una sueñera casi permanente. Sus 30 centímetros de barriga apenas le permiten acercarse al teclado de su escritorio. Dentro suyo palpita, se mueve y crece sin cesar Iris, su primera hija. Nacerá este verano, pero Estefanía no ve la hora de mirarla a los ojos, abrazarla y darle su primer beso quitapenas. "Es la responsabilidad más importante de mi vida", afirma con contundencia. Sabe que "siendo madre, ya nada será igual".