¿qué fue de la piedra zanata?

De símbolo histórico a insignia del olvido

02.06.2008 | 16:22
De símbolo histórico a insignia del olvido De símbolo histórico a insignia del olvido

Una piedra llevó a Tenerife de cabeza hace ahora 16 años, cuando se descubrió la supuesta prueba definitiva de que los aborígenes tinerfeños eran de la tribu berebere de los sin lengua (que son sólo leyenda). La Piedra Zanata se presentó entre medidas de seguridad y flashes fotográficos, entró en un mar de dudas sobre su autenticidad y hoy descansa en un museístico lago de olvido.

En el verano de 1992 (¡sí, el mismo de la Exposición Universal en Sevilla¡) se hacía en Tenerife un supuesto descubrimiento fundamental para su historia: la Piedra Zanata. Se convocó de modo urgente a los periodistas, quienes vieron cómo una piedra con forma de pez y unas leves inscripciones era escoltada por personal de seguridad. Normal, aquella piedra se presentaba como la prueba definitiva de que los habitantes prehistóricos de la Isla eran bereberes.
La pieza aparecía como la piedra angular que daba fe de nuestra africanidad. Ya podíamos dormir tranquilos. Sin duda, conocer el origen de cada pueblo y cada cultura resulta de sumo interés cultural e histórico. Es así sea cual sea ese origen, pero por alguna razón, la que de la noche a la mañana se convirtió en famosa Piedra Zanata, nos hacía africanos de un modo definitivo. Portadas de periódicos, la televisión y las emisoras de radio recogían la noticia del descubrimiento dado que el modo de presentar el objeto, con toda la parafernalia, seguridad y emoción que los políticos pudieron concitar, no podía dejar lugar a las dudas. Corrieron ríos de tinta. Éramos bereberes.
Sin embargo, muy pronto surgen las dudas y empiezan a conocerse detalles contradictorios de cómo apareció la piedra, quién la encontró y cómo llegó al Museo Antropológico de Tenerife que por entonces dirigía Rafael González Antón, principal valedor de su autenticidad. Fueron miembros de la Asociación Tinerfeña de Amigos de la Naturaleza (ATAN) los primeros en levantar la liebre sobre la Piedra Zanata. Ellos contaron cómo la habían encontrado unos cazadores, cómo la habían vendido y cómo se había acabado mintiendo sobre el lugar del hallazgo, que en principio parecía ser Montaña de las Flores pero acabó siendo Montaña del Agua. Las dudas acabaron convirtiendo la ceremonía de presentación que tuvo lugar en el Cabildo Insular de Tenerife en una pura pantomima, propia al fin y al cabo de quienes tienen prisa por certificar su diferencia. Como si no fuéramos diferentes de todos modos y no sólo por la hora. Opinaron unos y otros. Se empezó muy pronto a poner en tela de juicio la autenticidad de la piedra, lo que es lo mismo que poner en tela de juicio la teoría que venía a refutar. Las incisiones que el objeto presentaba, según unos, confirmaban que los aborígenes canarios venían de una tribu africana denominada lenguas cortadas o zanata. Para otros, no había nada que demostrara tal idea y el hallazgo era un puro fraude.
Tal y como señala el arqueólogo tinerfeño José Farrujia, los lenguas cortadas "sólo son un mito, nunca se demostró científicamente que existieran de verdad". Se pensaba que eran una tribu norteafricana romanizada que, tras haberse rebelado contra los romanos, fueron expulsados a Canarias después de habérseles cortado las lenguas para que no hablaran. Una historia apasionante, pero al parecer sin base en la que fundamentar su existencia real.
Dos años más tarde de la presentación por todo lo alto del símbolo de nuestra africanidad, la Dirección General de Patrimonio Histórico del Gobierno de Canarias abría un expediente informativo al objeto de aclarar cuál era el origen y la autenticidad de la Piedra Zanata. Después, una cortina de tiempo y olvido la envolvió. Lo que fue un símbolo de nuestra africanidad pareció convertirse en alegoría de cómo algunos eran capaces de manejar a su antojo la Historia sin pruebas suficientes que refutaran tesis alguna. Curiosamente, las autoridades que mostraron un interés desmedido por aquel inocente objeto que apareció cubierto de barro, hoy no parecen muy atentos a las docenas de barcos antiguos que yacen hundidos a modo de pecios en el litoral tinerfeño. Claro que en este caso no hay nada que demostrar y sí mucho que construir: concretamente puertos deportivos y superficies para contenedores que algún descubrimiento histórico podría estropear. Hoy, la piedra Zanata yace olvidada en un museo. Además, en la santacrucera Avenida de Anaga hay una cervecería que se llama así, Zanata: un lugar de diversión y ocio o una mancha en la manipulación pública de la historia sobre el origen de los guanches.

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