¿Qué fue de la piedra zanata?

Una humilde pieza de museo

02.06.2008 | 16:28
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Lo que protagonizó una puesta de largo principesca, al menos por lo que a la atención mediática se refiere, hoy yace entre los muros de un museo, sin que nadie quiera hablar de ella. Y es que la Piedra Zanata, y las conclusiones un tanto precipitadas que algunos sacaron de ella, debió herir muchas susceptibilidades que hoy no quieren despertarse. Ahí está, una piedra de museo.

La Piedra Zanata se encuentra en el Museo de la Naturaleza y el Hombre ubicado en la capital tinerfeña, justo en la primera planta, cuando se inicia la sección Arqueología de Tenerife. Es tan pequeña (veinte o treinta centímetros) que se diría que no puede tener cabida en ella tanto despropósito como ha dado lugar. Se encuentra en una gran urna acristalada, ella sola, sostenida sobre un fino pie metálico. Piedra Zanata. Inscripciones alfabetiformes. El Tanque. Así de sencillo resulta también el texto que la acompaña, pese a los ríos de tinta que sobre el objeto llegaron a correr.
Reducida a la humildad digna de toda pieza de museo, su inocencia rodeada (ahora) de silencio llega a parecer redundante. Al espectador avezado que de algún modo vivió el despropósito de su presentación en sociedad como la piedra angular que demostraba que los primeros moradores de Tenerife procedían del norte de África, le entran ganas de hacerla hablar; de preguntarle dónde la encontraron realmente, quiénes, cuándo y cómo. Con qué intención le lavaron el barro; si comparte lo que de ella dicen algunos libros o si le humilla lo que otros callan. Pero las piedras no hablan a menos que el Carbono14 les desate la lengua. Al turista que nada sabe del revuelo que armó la Piedra Zanata en el verano de 1992, poco le dice el objeto, pues en la sala de al lado le aguardan algunos elementos con aspecto más atractivo y que parecen más locuaces respecto a la Prehistoria tinerfeña.
Alrededor de la vitrina que guarda y protege a la Piedra Zanata hay explicaciones escritas sobre la situación en la plataforma atlántica de la isla de Tenerife, sus barreras naturales y potencialidades. Asimismo, se enumera lo que este Archipiélago ha significado en el colectivo imaginario cuando era más imaginario y menos colectivo. Es decir, que las islas eran el Jardín de las Hespérides; que no se sabe muy bien cómo entroncaban con la estirpe de Adán (no de Adán Martín, a la sazón presidente del Cabildo Insular cuando se presentó la Piedra Zanata como la pieza cumbre de la arqueología tinerfeña); el mito de la Atlántida que le sirvió a Viera y Clavijo para emparentarnos con los griegos (por inventárselo); la Isla como laboratorio raciológico en el siglo XIX y cómo la bioarqueología es la actualidad de la disciplina arqueológica. Un gran cartel en este mismo Museo indica que las islas integran un conjunto arqueológico por descubrir. Y es verdad. Sólo que la arqueología debe servir para hacernos saber quiénes fuimos y cómo nos adaptábamos al medio, no para fabricar símbolos que perpetuen ningún poder político.
Pocos desean hablar en la actualidad de lo que, sin embargo, dio tanto que hablar. El arqueólogo Antonio Tejera Gaspar señala con cierto sentido del humor que efectuó "la solemne promesa de no volver a tratar sobre ese asunto y nunca la he roto".
Son más bien jóvenes a los que el ruido de aquel descubrimiento no afecto quienes se muestran capaces de dar su opinión respecto a la Piedra Zanata. Tal es el caso de José Farrujia, autor del libro Arqueología y Franquismo. Desde su punto de vista "lo único que hizo ese artefacto fue radicalizar el enfrentamiento entre los arqueólogos canarios entre una mayoría que lo considera un fraude y una minoría que lo cree válido". En realidad, el objeto "le vino muy bien a la parte más insularista del nacionalismo canario en Tenerife en un contexto, además, autonomista". Y es que con la Piedra Zanata, Tenerife venía a tener su talismán arqueológico, "sólo que no se puede desarrollar toda una teoría del primer poblamiento de la isla a partir de un único elemento -argumenta Farrujia-, ni hacer un puzzle en el que el resto de las piezas no encajan bien". Para colmo, la teoría de que africanos romanizados habían sido los primeros pobladores de las Islas, "ni tan siquiera era nueva, pues con más o menos argumentos arqueológicos, se sostenía esa teoría desde el siglo XVI". La Piedra Zanata "es un anacronismo que pretende, mediante un objeto nuevo, sustentar un discurso viejo", afirma José Farrujia, quien defiende la necesidad de un Plan General de Excavaciones que abarque todas las Islas, así como el establecimiento de relaciones con universidades del norte de África dado que los guanches provienen de allí y se pueden intercambiar datos.

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