LA HERENCIA DE UN CONTEMPORÁNEO
Compartir un libro es un riesgo, pero también un placer que se despliega en ondas que pueden llegar a otras orillas, desconocidas o no. Y es lo que me ha ocurrido tras la lectura de El primer hombre, la última novela inconclusa, de Albert Camus, publicada ahora en España. Treinta y cuatro años después de su muerte trágica (todas pueden serlo, claro, pero quizá más las brutalmente ejecutadas por la guadaña absurda del automóvil), aparecieron estas páginas frescas, sinceras, sin aspavientos, búsqueda del tiempo pasado.
LA HERENCIA DE UN CONTEMPORÁNEO
Es evidente que cada vez seremos menos los que conocimos a Albert Camus, los que le oímos hablar de Sartre y a Sartre de él. Desde 1960 y cada diez años, tengo siempre la impresión de haberlo dicho todo, pero siempre descubro que he olvidado lo esencial. Sencillamente, hoy creo haber encontrado en Camus las verdades que necesito en el otoño de mi vida. La misma necesidad de rebeldía contra el absurdo, pero también la misma aversión por el deseo de revolución. A ello se añade ahora esa "fuerza de vida" que, con la perspectiva del final, conduce a un intenso y verdadero culto del instante.