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La era de Rodin revela algunos de los trabajos más significativo de François-Auguste Rodin (1840-1917), quien está considerado como el padre de la escultura moderna, así como algunas de las piezas más significativas de sus discípulos como fue la escultora Camille Claudel (1864-1943) quien mantuvo además una tórrida relación con el escultor y Émile-Antoine Bourdelle (1861-1929), de quien se expone Heracles el arquero; así como de Jean-Baptiste Carpeaux (1824-1887); Albert-Ernst Carrier-Belleuse (1824-1887), considerado el maestro directo de Rodin; y Paul Dubois (1829-1905). En total, 54 obras donde se plasma la voluntad creadora del artista y su herencia, a la par que se lleva a cabo un recorrido por el tiempo del maestro.
La Era de Rodin traslada al espectador al Salón de París, centro del ideario estético de la Francia del siglo XIX, a través de Máscara del hombre de la nariz rota (1864), pieza con la que el escultor rompió el academicismo por entonces imperante, y la primera maqueta de su conjunto escultórico Los burgueses de Calais o los bocetos elaborados para realizar Las puertas del infierno. De este último proceden dos presencias icónicas para la cultura universal: El pensador (1880-1881), emblema del pensamiento libre, y El beso (1886).
El mundo del retrato está también patente a partir de obras de Rodin como la figura idealizada de Suzón (1873), esculpida en su juventud; Lady Sackville (1913), donde se plasma la madurez del escultor; o Balzac con hábito de monje dominico (1892), hito de la escultura moderna que Rodin consideró como la suma de todo su arte.
El tema de la fragmentación y el movimiento reúne manos y bailarinas que plasman figuraciones y volúmenes precursores del vanguardismo en escultura, con obras como La catedral (1908), La gran mano crispada (1884-1886) y el Estudio para Iris, mensajera de los dioses (1890-1891), entre otras.
Esta exposición reúne los proyectos más importantes de la obra plástica de Rodin, los mitos y alegorías con que revalorizó las fuentes clásicas, así como su legado, que se manifiesta en el aliento que formó a nuevas generaciones. La denominación de la muestra, en este sentido, alude a la duración y características durante cierto tiempo de la creación artística del escultor francés e incluye, entre otras, las obras Heracles el arquero, de su alumno Emile-Antoine Bourdelle; La ola y El gran vals, de Camille Claudel, modelo y amante de Rodin; o El genio de la danza y Cupido desarmado, del que fuera uno de sus maestros, Jean-Baptiste Carpeaux. Asimismo, también hay trabajos de Paul Dubois y Albert Ernest Carrier-Belleuse.
En el marco del Centenario de CajaCanarias y de los festejos del Bicentenario de las Independencias latinoamericanas, Grupo CARSO, a través del Museo Soumaya, ha fortalecido los lazos de hermandad a través del arte, la cultura y el espíritu viajero de esta muestra que permite recordar las palabras de Rodin: "Mi corazón es una capilla ardiente. Retomo mi pasado… esos estudios deliciosos que me han brindado el gusto y el secreto de la vida. ¿A quién debo este favor? Sin duda, a los largos paseos que me han hecho descubrir el cielo…, al modelado terreno que, sin hablar, por así decirlo, ha hecho nacer mi entusiasmo y mi paciencia y mi curiosidad y mi gozo de comprender la flor humana."
LA OBRA
La Edad de Bronce
Debido a la guerra franco-prusiana Rodin emigró a Bruselas. Ahí comenzó a trabajar La Edad de Bronce, tomando como modelo al soldado belga Auguste Neyt. Durante la creación de la obra viajó a Florencia y convirtió su estancia en una sesión inacabable de estudio y a Miguel Ángel en su maestro. En marzo de 1876 escribió a Rose Beuret: "creo que este gran mago me deja un poco de sus secretos. […] no es sino en él, en él solo, donde está el secreto."
Mitos y alegorías
Como sus contemporáneos, Rodin fue atraído por los temas mitológicos; encontró la seducción por el carácter erótico de muchos pasajes y, sobre todo, por ser una revelación de la naturaleza humana, suscribe el investigador Alfonso Miranda Márquez. La escultura alegórica de Auguste Rodin se fundamentó en la lírica y la épica antiguas. Las Metamorfosis le llevaron al estudio de la sensualidad clásica desde una perspectiva moderna. Eros (el Amor) y Psique (la Razón), condiciones universales para el imaginario occidental, se disputaron las transfiguraciones del amor, de suyo también categórico, que debía sujetarse a distintas investiduras para garantizar su permanencia.
Retrato
Lejos de buscar la belleza al estilo neoclásico, Auguste Rodin se interesó en el carácter y no en la apariencia. Cada cabeza humana es un universo y el escultor de retratos un explorador, decía. Como sus contemporáneos, ejecutó bustos por encargo para atenuar la estrechez económica. También políticos, intelectuales, artistas y personajes de la alta sociedad desfilaron uno tras otro por su taller en cuanto adquirió renombre. La duquesa Choiseul lo introdujo en el medio inglés y norteamericano, su clientela aumentó en forma considerable.
Los retratos son testimonios de la trayectoria de un artista que dedicó sus obras a diferentes destinos: La máscara del hombre de la nariz rota (1863-1864) fue una pieza con la que esperaba ser reconocido por el Salón y con la cual descubrió los sentidos de la belleza; la porcelana Suzon (1872) nació para el comercio de ornamentación con un estilo académico que terminaría rechazando; Victor Hugo (1883-1884), Claude Lorrain (1889) y Balzac (1892) fueron homenajes que solicitaron instituciones oficiales, y en cuya creación grabó con agudeza las profundidades de los personajes; Lady Sackville es el último busto de mujer que realizó como encargo particular, y su factura es ajena a los detalles que caracterizaron su obra en décadas anteriores.
El Salón de París
Rodin es famoso por haber acuñado la frase un artista necesita sólo una buena obra para establecer su reputación, y por esta razón participó en el famoso Salón de París. La exposición anual era de gran importancia para los artistas de su tiempo y los escultores mostraban cientos de obras cada año, desde los bustos hasta las propuestas a gran escala para monumentos. Los escultores confiaban en estas muestras patrocinadas por el gobierno para recibir propuestas de comisiones públicas, encontrar compradores privados y exponerse a la observación de críticos de gran relevancia. Si una escultura de tamaño natural o a gran escala era popular en ellas, el artista podría hacer versiones más pequeñas en bronce y barro para venderlas a la siempre creciente y cada vez más acaudalada burguesía.
Rodin presentó sus obras y también fungió como jurado en los Salones de 1875 a 1913. Los jueces tenían rigurosas normas técnicas y estéticas, y buscaban obras que demostraran el entendimiento del artista respecto a la anatomía, así como su talento para modelar la figura humana y presentarla de manera convincente al público. Además, se alentaba a los escultores a no sólo aprender del pasado sino a tomarlo como base para crear una forma original; muchos de los trabajos estaban claramente influidos por las obras maestras creadas desde la Antigüedad clásica hasta el Renacimiento. Cuando Rodin presentó La Edad de Bronce y después San Juan Bautista predicando, el énfasis en el naturalismo distinguió claramente su trabajo de las figuras idealizadas de sus contemporáneos. Aunque el estilo de Rodin fue muy criticado en su tiempo, unos cuantos años después su enfoque se anunciaba como una fuerza revitalizadora en el arte.
Los burgueses de Calais
En el otoño de 1884 la municipalidad de Calais, puerto en el norte de Francia, retomó un proyecto que se había gestado varias décadas atrás: la creación del monumento para encomiar a Eustache de Saint-Pierre, quien dirigió a cinco ciudadanos ilustres que se ofrecieron como rehenes para liberar a Calais del dominio inglés, luego de un asedio de once meses, durante el epílogo de la Guerra de los Cien Años.
Pierre de Wiessant y su hermano Jacques, Jean de Fiennes -cuyo nombre apareció registrado hacia 1863 en los archivos de la Biblioteca Vaticana-, Jean d'Aire y Andrieu d'Andres iban dispuestos a la muerte vistiendo costales, con soga al cuello y portando las llaves de la ciudad, como había ordenado el rey Eduardo III de Gran Bretaña. Por intercesión de la esposa del monarca, la reina doña Filipa, se les perdonó la vida y Calais fue liberada.
Rodin obtuvo el encargo de realizar el conjunto escultórico pocos años después de otro acontecimiento histórico que puso en entredicho la soberanía gala: la guerra franco-prusiana (1870-1871) entre las tropas de Napoleón III y el Canciller de Hierro, Otto von Bismarck.
La Puerta del Infierno
1880 fue un año decisivo en la carrera de Auguste Rodin: el gobierno francés le compró La Edad de Bronce y recibió la comisión para crear La puerta del Infierno. Este pórtico tuvo su origen en el proyecto de un nuevo Museo de Artes Decorativas en París. Los volúmenes escultóricos tuvieron como eje central a la Divina comedia de Dante Alighieri, asimismo se inspiraron en el averno de Hesíodo, en el pasaje de Orfeo, y en la puerta del baptisterio de la catedral de Florencia decorada por Lorenzo Ghiberti.
Fragmentación y movimiento
El cuerpo expresa siempre el espíritu del que es envoltura -decía Auguste Rodin-. Y para el que sabe ver, el desnudo ofrece el significado más rico. A los 24 años, el artista había afinado la observación para sus técnicas de dibujo y modelado con los cursos de Anatomía. En realidad, lo humano estuvo siempre en el centro de su interés.
Trabajando en La puerta del Infierno desarrolló un profundo estudio de las pasiones. Ensayó desmembrar y volver a reunir partes de cuerpos para formar nuevos personajes o grupos. A este procedimiento de creación lo llamó ensamble, imaginación poética e infinita. Realizó esculturas vanguardistas a partir del fragmento: convirtió manos y torsos en consumadas obras expresivas; les confirió vigor. Alrededor de 1885, motivado con la comisión de Los burgueses de Calais, trabajó manos masculinas, como la Mano crispada, que responden más bien a un interés naturalista y expresivo que alegórico. En cambio, hacia 1910, otras obras, como La catedral, serán expresamente simbólicas.