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La Concha del apuntador 

La aventura de ser profesional (II)

 
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TONY AGUILAR El debut de la Compañía Canaria de Teatro en Tenerife fue en 1982 en el teatro Guimerá con la obra Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín de Federico García Lorca. Aleluya erótica versión de cámara la subtitula el autor. Marcolfa, criada de Don Perlimplín, empuja a éste a casarse con la joven y bella Belisa. Belisa es a su vez, por conveniencia, empujada al matrimonio por su madre. Don Perlimplín no quiere casarse pero sucumbe a los encantos de la joven quien en la misma noche de bodas lo engaña con cinco admiradores. Don Perlimplín sufre paciente los engaños de su mujer pero quiere que Belisa sienta amor de verdad. Para ello, y utilizando a Marcolfa, le envía cartas amorosas, cual Cyrano de Bergerac. Belisa se enamora locamente del misterioso joven. En un momento de la obra le dice don Perlimplín a Belisa -Si no me amas a mí, llorarás de amor por él- y ya está servida la tragedia.
Los papeles principales los interpretaban Sara Guerra y Juan de la Cruz. La criada la hacía Malena Gutiérrez y la madre Blanca Rodríguez. La presentación de la compañía en Tenerife, que venía de triunfar en Gran Canaria, fue a taquilla. El ayuntamiento de Santa Cruz por problemas de presupuesto no podía contratarlos. Acordaron la cesión del teatro para trabajar a taquilla. Ante el reto de tener que jugársela se organizaron cual guerrilla. Empapelaron La Laguna y Santa Cruz de carteles, fueron a Radio-Club, a Radio Nacional, los entrevistaron en los periódicos y alertaron a los amigos y compañeros.
El día del debut el escenario del Guimerá bullía de actividad. A media mañana se enteraron por boca del taquillero que en la cesión del teatro no se incluía la nómina del personal, que era la compañía quien tenía que pagarla y que hasta que eso no se aclarara él no empezaba a vender entradas. Juan de la Cruz se enfadó bastante y propuso ir al Ayuntamiento a aclarar el asunto. Juan Ramón lo secundó. Se metieron en sus camerinos y al punto salieron disfrazados de señoras decadentes pañuelo moquero en mano, con sus vestidos de falsa seda, sus pamelas de paja forrada y repintadas como loros en unos tacones de aguja imposibles.
En el coche de Antonio Cifo se fueron los tres para allá. El guardia de la puerta los miró como pensando; ya adelantaron el Carnaval. En lo que Antonio, de traje y portafolios, hablaba con la secretaria del alcalde, Juan de la Cruz y Juan Ramón montaban a la puerta de la alcaldía el numerito de las viudas ultrajadas con grandes dosis de histrionismo chirriante. No tardó mucho en salir Manuel Hermoso de su despacho al oír los gritos y al contemplar el espectáculo se encaró con la secretaria. Ésta lo puso al corriente del asunto y de lo que pretendían. El alcalde, bastante molesto, dio orden de que la nómina de los empleados del teatro se pagara de inmediato y que cesara de una vez el escándalo.
El debut fue todo un éxito aunque no se llegó a llenar el teatro. La compañía se volvió a Las Palmas para representarla en el Teatro Pérez Galdós. A la vuelta de Tenerife los Profetas de Mueble-Bar dejaron la compañía para trabajar en un proyecto propio que llevaban tiempo pergeñando, Historia de las tablas. En el teatro Pérez Galdós Juan de la Cruz fue sustituido por Antonio Cifo. Aunque ya había sido estrenada en el CICCA con Aníbal Suárez, las funciones del Pérez Galdós tuvieron la importancia de un estreno. Asistió una nutrida representación de la burguesía local, público habitual por otro lado del principal coliseo de la cuidad. También había estudiantes y público en general, amén de los amigos, familiares y compañeros. Al acabar la función numerosas personas se dirigieron a los camerinos a saludar a los artistas. Entre ellos se encontraba el entonces diputado y gran aficionado al teatro Jerónimo Saavedra que saludó uno por uno a toda la compañía. Antes de ir a Fuerteventura hicieron algunas funciones en Gran Canaria.
En principio la única función en Fuerteventura iba a ser en Morro Jable dentro de la programación de las fiestas del pueblo marinero. No había teatro, ni cine, ni salón adecuado dónde hacerla y después de evaluar la situación decidieron hacerla en el terrero de luchas. Era el único sitio posible y sobre la arena se hizo la primera función de teatro de la historia de Morro Jable, según afirmaba Lorenzo Pérez que era el dueño del bar y cabecilla del comité de bienvenida que los recibió al llegar. Donde si tenían un salón de actos era arriba, en el pueblo, en Pájara. Hasta allí se fueron Antonio y Malena en la furgoneta de la compañía a venderle al alcalde una función que después de cierto regateo acabó haciéndose al día siguiente. Esas fueron las últimas funciones del Perlimplín. La compañía se remodeló, algunos la dejaron para iniciar otros proyectos y se incorporaron otras personas.

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