M. CINTA MONTAGUT
Juana Castro. Vulva dorada y lotos. Sabina Editorial. Madrid, 2009.
El nuevo sello editorial Sabina acaba de publicar una pequeña antología poética de Juana Castro titulada Vulva dorada y lotos. Pequeña en cuanto a su extensión, apenas noventa páginas, pero grande y profunda en su contenido puesto que en ella se encuentra la esencia de la poesía de la poeta cordobesa, sin duda una de las poetas más importantes de nuestro tiempo y una voz imprescindible en el panorama literario de los últimos treinta años.
La poesía de Juana Castro (Villanueva de Córdoba 1945) es una poesía sensual, que, como dice Ana Mañeru Méndez en el prólogo de la antología, es "una poesía que pide ser tocada, olida y saboreada", es decir, que apela a los sentidos para a través de ellos introducirse por los poros hasta el centro mismo de la racionalidad donde los poemas nos hablan de soledad, de silencio, de historia, de amor, de injusticia, en resumen, de vida.
Heredera de la tradición poética andaluza que tiene su síntesis más cercana a los años de formación de la poeta en el Grupo Cántico de Córdoba (ella misma se confiesa cercana a Pablo García Baena por su estética), en su poesía abundan las imágenes sorprendentes en las que el léxico ligado al mundo vegetal, al campo, a la tierra, son una constante.
Desde la publicación de su primer libro en 1978, Cóncava mujer, Juana Castro tuvo muy claro que la vida de las mujeres está marcada por la injusticia y por eso desde ese primer poemario la mujer es el centro de su obra, una mujer sometida a las tradiciones sociales y religiosas frente a lo que la poeta se rebela. No en vano muchos de los poemas de este libro llevan por título María seguido de un apelativo que sintetiza una de las cualidades atribuidas por la tradición o la costumbre a las mujeres. En esta antología los poemas María Lunar y María Gacela son una muestra de ello.
La mirada de Juana Castro es la de una mujer comprometida con su tiempo y con el ser mujer alejada de estereotipos, de tópicos, de visiones condescendientes. Existe la conciencia de ser mujer y la extrañeza de serlo en un mundo ajeno. "Yo no soy de esta tierra" afirma en uno de sus poemas.
En Narcisia (1986) nos ofrece la construcción mística de la diosa madre configurada como principio de todas las cosas, como arquetipo del ideal femenino. En el poema Inanna que abre la antología nos dice "En el principio/sólo Ella existía".
En sus primeros libros hay dos temas que se repiten: la soledad y el amor. El amor como impulso erótico, como fuerza que es pasión y muerte, que es dolor y gozo lo encontramos plasmado en Arte de cetrería (1989), galardonado con el premio Juan Ramón Jiménez de ese año. En el libro se mezclan con sabiduría el léxico de la altanería con el de la tradición erótica sanjuanista. En la antología hay un poema de este libro.
La memoria es otro de los motores de esta poesía, su procedencia de una ambiente rural, sus vivencias de una infancia libre pero al mismo tiempo sujeta a un mundo estrictamente codificado Castro la utiliza para analizar ese pasado y proyectarlo hasta un presente y un futuro que es su propia vida en otro contexto alejado para siempre del origen. "Sepulté los recuerdos de la hierba/durmiendo en la ciudad". Sus poemarios Fisterra (1992) y Del color de los ríos (2000) reflejan el trabajo de la memoria que vuelve a un pasado que no es la Arcadia feliz sino un mundo, el del campo, lleno de violencia y desigualdades. Poemas como Sepia o Amanecer son representativos de lo que afirmo.
Con su libro No temerás obtuvo el premio Carmen Conde en 1994. En él utiliza el léxico religioso y toma sentencias de la Biblia para transformar ese material en voz para la reflexión y la plasmación del sujeto poético que se estabiliza y confluye en un ser que se opone a la norma como Lucifer cuando dice no serviré.
El extranjero obtuvo el Premio San Juan de la Cruz en el año 2000. Este libro, del que también contiene poemas la antología, es una síntesis temática y formal de su poesía escrita hasta entonces.
El Premio Jaén de poesía se le concede en 2004 por su libro Los cuerpos oscuros en el que aborda el tema de la enfermedad de Alzheimer padecida por los padres de la autora. Es un tema nuevo para la lírica y Juana Castro al tratarlo reafirma su compromiso con su tiempo. No hay lamento, hay misterio, plasmación de la complejidad de los sentimientos, reflexión especular de nuestro propio devenir un cuerpo que se agota en el misterio como se ve en el poema La fuga.
Hay en toda su obra un extraordinario amor a las palabras, un gusto por las imágenes y una posición moral irreductible frente al mundo y el tiempo que nos ha tocado vivir. Esta antología nos lo recuerda. Léanla, háganme caso.
AJUAR
Mi niña es mi ajuar, y sólo a ella
donaré esta pasión presentida en que vivo.
He sabido de pronto que yo soy la madera
y en su forma me esculpo. Que no habrá ni una lágrima
ni almohada batiendo. Que la estrella y el ángel
la anunciaban a ella, pequeña entre las grandes.
Que se basta conmigo. Que mi lecho la alumbra
y que yo me conmuevo, sacudida mi escarcha,
cada vez que en su carne toco el alba y el tiempo.
REGRESO
Vuelvo hoy a la tierra.
Anduve, tanto tiempo, tan lejos y a su espalda,
que aterida, recojo en esta hora
una luna sagrada de verdura.
Prófuga fui, y en mis desmanes
sepulté los recuerdos de la hierba
durmiendo en la ciudad.