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Entrevista
GONZALO DÍAZ GARCÍA / GALERISTA 

´Conca fue un foco de infección cultural terrible´

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´Conca fue un foco de infección cultural terrible´
´Conca fue un foco de infección cultural terrible´ 

El próximo año la lagunera sala Conca cumple su 40 aniversario. En todo este tiempo, la galería ha permanecido con sus puertas abiertas salvo seis meses a inicios de la década de los 70 del pasado siglo XX, y algún que otro cierre "impuesto" por la autoridad al exhibir obras que escandalizaron a la sociedad tinerfeña de la época. Bajo la dirección de Gonzalo Díaz García (Santa Cruz de Tenerife, 1942), Conca espera celebrar en 2010 por todo lo alto este cumpleaños con una serie de exposiciones que den a conocer la importante colección (más de seis mil trabajos, entre pinturas y esculturas) que han ido engrosando sus fondos desde que nació. El problema, lamenta Gonzalo Díaz, es que no cuenta con el respaldo del Ayuntamiento de la Laguna.

EDUARDO GARCÍA ROJAS - La sala Conca celebra en 2010 su 40 aniversario. ¿Cómo comenzó aquella aventura?

- Al comenzar nos propusimos cubrir en unos tres años un número importante de exposiciones con la intención de mostrar la obra de grandes artistas. Nos costó mucho al principio porque por aquel entonces sólo se vendían en Canarias cuadros del Teide y buganvillas, aunque la lucha resultó fantástica. Estamos hablando de unos inicios que coincidieron políticamente con los estertores de la dictadura franquista y pese a esa circunstancia, el equipo de Conca continuó adelante hasta alcanzar unos objetivos que, pienso ahora, logramos antes de lo previsto. Al tercer año ya contábamos con cinco galerías abiertas: Conca en La Laguna; Conca 2 en Las Palmas de Gran Canaria; la sala Amarilla ubicada en Maspalomas; la Negra en Puerto de la Cruz y la Blanca en Ten-Bel. Barajábamos incluso abrir una Conca 3 en Santa Cruz de La Palma pero ese proyecto se frustró. En 1973 cuando llega la crisis económica a las islas, tuvimos que cerrar el espacio de La Laguna unos seis meses, pero volvimos abrir con una nueva forma de pensar: luchar por la gente joven, periodo que coincidió con los artistas de la generación del 70, grupo que prácticamente salió de Conca. Fue un tinglado complejo porque apostamos en exclusiva por unas treinta personas, algo impensable en aquellos días, aunque la cosa fue creciendo porque llegamos más tarde a llevar a un centenar de artistas. La idea que teníamos era conseguir que todos ellos pudieran vivir de la pintura en Canarias, algo muy difícil porque el público no estaba preparado todavía para aceptar el trabajo de, entre otros, gente como Cándido Machado, aunque pese a que utilizaba en su obras elementos como los preservativos, vendimos casi todos sus cuadros. Más tarde vino el salto, cuando los artistas que representábamos nos pidieron vender fuera. Y en ARCO, conociendo a galeristas internacionales que mostraron interés hacia el trabajo que les presentábamos, creí que con nuestros precios y con aquella obra quizá fuera posible aunque estando en Milán, y tras venderlo todo, descubrí que con el dinero invertido y las escasas ganancias obtenidas, que casi no daban para pagar la pensión, no había nada que hacer hasta que pudiéramos arreglar la situación en Canarias.

- ¿Arreglar la situación en Canarias?

- Me senté con los artistas y les expuse que para salir a Europa teníamos que añadir un cero más a cada una de sus obras aunque estos trabajos no estaban aún en condiciones de sumarles ese cero de más. En los 80 se produjo otro cambio, y fue apostar por creadores de la península, gente como Rábago y Bellver que todavía continúan a mi lado, lo que personalmente ha significado mucho para mí.

- ¿Cómo celebrará Conca su 40 aniversario?

- Hay muchos proyectos pero el más grueso es sacar todas las colecciones que tiene la sala a la calle. Tradicionalmente, Conca compra una de las piezas al artista, así que con todas las reunidas hemos hecho un libro simbólico en el que cada cuadro de la colección es una de sus páginas. Contamos ahora con numerosas piezas, unas seis mil, y este proyecto se lo hemos presentado al Ayuntamiento de La Laguna, el cual teóricamente ha mostrado interés.

- ¿Teóricamente?

- Sacar a la calle toda la colección de Conca exige preparación porque hablamos de muestras que deberían permanecer abiertas al público unos tres meses en unos, calculo, nueve espacios de La Laguna. Estamos hablando de 27 exposiciones con la idea de dar a conocer casi toda la colección. Es un proyecto, en todo caso, que necesitaba trabajarse más, casi con un año de antelación, por lo que se lo propuse hace siete meses al Ayuntamiento con la idea de ponerlo en marcha. Pasado este tiempo, no he recibido de ellos ninguna señal. Lo que para mí ha sido muy duro porque una sala no cumple 40 años todos los días. Y Conca es, en este sentido, una de las galerías más veteranas de España.
- Pero le habrán dado alguna excusa para no contestar a su petición. Usted mismo ha dicho que el Ayuntamiento de La Laguna mostró interés cuando le propuso la idea.

- Según me han dicho, al alcalde le entusiasma el proyecto, igual que a la concejala de Cultura. Todos dicen que sí pero cada vez que voy a buscar planos de los espacios o pedir dinero para una subvención con la que pagar a la gente implicada, desaparecen. Y eso me duele mucho. Sobre todo porque si ahora responden ya no tendremos un año para prepararlo todo como tendría que haberse preparado. La verdad es que no entiendo ese silencio, sobre todo porque necesito tiempo para poder hacer algo decente o por lo menos mínimamente decente.

- ¿Qué obras destacaría usted de la colección?

- Todas porque en esa colección está la mejor pieza del artista en ese momento, lo que significa que es completamente representativa de su etapa como creador.

- Además de llamar a las puertas del Ayuntamiento de La Laguna, ¿ha probado con las de otras instituciones como el Gobierno de Canarias?

- En cierta manera sí, aunque no de forma oficial porque cada vez que hablo con ellos me responden que no hay dinero. El presidente del Cabildo de Tenerife, Ricardo Melchior, estuvo por aquí aunque parece que sus asesores le dijeron que lo que hay en Conca es una mierda. Nunca he contado con el apoyo de nadie. El director de TEA, Javier González Durana, visitó Conca y si bien le sorprendió las obras, en especial los setenta Andrés Nagel y los Pepe Hernández -con quien trabajé mucho tiempo-, también ha hecho mutis por el foro. En definitiva, que la constelación de la cultura en Canarias es muy pobre, sobre todo políticamente. Detrás no sé lo que hay, aunque contamos con grandes artistas, gente maravillosa. Será que prima la artesanía en demérito de otra clase de cultura.

- De todas formas, ¿no tiene la esperanza de que el Ayuntamiento de La Laguna se implique finalmente en la celebración del 40 aniversario?

- No sé como se escribe esa palabra.

- ¿Se refiere a la esperanza?

- Francamente, si la entendiera de alguna forma tendría que creer en la gente y en su buena fe. Y en mi caso, cuando ni siquiera se han molestado en comunicarme "mira, es que no se puede…" Lo dicho, me duele porque me joroba decir que eso es lo que tenemos.

- Esa desidia que lamenta me recuerda un poco a la de principio de los años 70. Conca nace precisamente en 1970, y fue una de las primeras salas de arte contemporáneo con que contó Canarias. ¿No le parece al menos inquietantemente curioso que ahora la pescadilla vuelva a morderse la cola?, ¿De dónde le viene esta vocación casi guerrillera por seguir adelante pese a la indiferencia de la que se queja?

- Estudié Arquitectura en Madrid pero por cosas de la vida caí en Cuenca y allí pude comprarme una casa cuando todavía era posible comprarse una casa. Mi estancia en Cuenca coincidió con un mundo underground maravilloso, donde estaban Millares, Chirino, Saura, que se encontraban levantando el museo de arte contemporáneo. En este aspecto, aprendí al revés que cualquiera, porque primero conocí a la gente. Es tanta mi gratitud a Cuenca que el nombre de la sala, Conca, es cómo se conocía antiguamente a esta ciudad.

- ¿Como especialista que le exige usted a una obra de arte?

- A los artistas les exijo trabajo porque con el trabajo viene todo lo demás. Si no hay trabajo se nota en la obra y en la forma de pensar. Prefiero a un artista que trabaje que a uno de esos creadores maravillosos que hacen cosas buenas pero que sólo trabajan cuando les llega la inspiración. Prefiero a un obrero de la técnica. Les exijo trabajo, trabajo y más trabajo. Hace un año más o menos fiché a catorce artistas jóvenes canarios de los que ahora me quedan tres, pero son tres artistas que trabajan a fondo. Los demás están dando clases.

- A principio de los 70 la sala Conca se convirtió en una especie de oasis cultural en las islas. ¿Tiene la sensación de que ha sido olvidado también por aquel público que disfrutó de estas instalaciones en aquel entonces?

- No, para nada. El 90 por ciento de los que me compran venían a fumarse el porro a la sala en los 70. Son parejas que adquieren a plazos piezas de presupuestos bastante altos.
-En estos 40 años ¿qué recuerdos son para usted los más importantes?

- En ese libro en el que se ha convertido la sala a mi me gusta el libro completo, por lo que todos han sido momentos importantísimos. Ahora viajo con todos mis artistas. Viajo a Egipto casi todos los años con Fernando Bellver. Nos invitan para montar talleres en Nicaragua, México o Cuba, país al que vamos casi todos los años. Editamos libros de viajes de Bellver que son una maravilla. Con esto quiero decir que no hemos parado desde los 70. En este sentido, todos los momentos han sido importantes. Incluso aquellos en los que me cerraron tres veces la galería.
- ¿Por qué le cerraron la galería?

- Porque la sala Conca fue un foco de infección cultural terrible. En 1972 me la cerraron por un dibujo de Tomás Carlos Siliuto. Se trataba de un desnudo. También por una serie religiosa en la que había un Cristo sin sexo, y esas cosas en la España de aquellos años, como que no…

- ¿En qué consiste exactamente la labor de un galerista?

- Una galería es un negocio que se preocupa porque sus artistas vendan y se promocionen. Conca es una galería de segunda, de acuerdo, pero intenta que todos sus productos se vendan a galerías de primera y éstas a su vez revenderlos a otras más especiales. Ese es mi trabajo, así como el de hacer coleccionismo. En este aspecto, rompo una lanza en las islas porque contamos con colecciones privadas francamente sensacionales.

- ¿Y cómo se definiría usted como galerista?

- Intento ser un buen profesional. En nuestra profesión no hay estudios, lo que te obliga a vivir muchas ferias y a escuchar a otros galeristas. He aprendido de todos ellos, pero sobre todo que tienes que ser un buen profesional.

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