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DIÁLOGO

Celebración de la duda

 16:15  
Celebración de la duda
Celebración de la duda 

La coincidencia de la celebración del primer aniversario de la apertura del TEA (Tenerife Espacio de las Artes) y de la Bienal Internacional de Fotografía de Tenerife, Fotonoviembre 2009, que llega este año a su décima convocatoria, sirven de argumento para este nuevo diálogo entre el arquitecto y fotógrafo, Carlos A. Schwartz, y el historiador del arte, Carmelo Vega.

CARLOS A. SCHWARTZ Y CARMELO VEGA EL INSTANTE INCISIVO


-Van diez, es decir veinte años de Bienal de Fotografía en Tenerife. Y, sin embargo, cuando deberíamos estar celebrándolo con fuegos artificiales, lo cierto es que esta convocatoria de Fotonoviembre está resultando triste, mustia e intrascendente. Será cosa de la crisis.

-Yo creo que la crisis no tiene nada que ver. Más bien hay un proceso de desmantelamiento de ciertas estructuras que han venido funcionando hasta ahora y que parecen estar en un proceso de cambio con la incorporación del Centro de Fotografía al organigrama del TEA. Esos cambios no tienen porqué ser negativos y tal vez nos sirvan para mejorar.

-Aunque a veces hemos sido críticos con los planteamientos o las derivas de las bienales anteriores, no puedo compartir algunos de los argumentos que se han barajado para desactivar su continuidad, pues se parte de la idea de que las bienales surgen para cubrir la ausencia de instituciones consolidadas. Es cierto que en ocasiones cumplen esa función pero no es el caso ya que antes de la primera bienal, en 1991, existía el Centro de Fotografía, que utilizó la Bienal para ampliar su programa de difusión de la cultura fotográfica contemporánea.

-Y también sirvió como plataforma de promoción, poniendo en valor a una serie de fotógrafos más o menos noveles que se dieron a conocer aquí. Tengo mis dudas de esa correlación necesaria entre disponer de centros especializados en arte y la desaparición de la Bienal como herramienta de presentación pública de propuestas en torno a la fotografía.

-Es probable que esto tenga una relación directa con el hecho mismo de que la fotografía tiene un protagonismo notable en el marco del TEA.

-Sí, eso lo explicaría en parte. Pero la creación del TEA ha significado una paradójica centralización de determinadas actividades y espacios culturales: me hubiera gustado que ahora Santa Cruz siguiera teniendo su Cine Víctor además de una actividad de exhibición cinematográfica especializada en el TEA, o que mantuviese su biblioteca municipal y otra nueva biblioteca en el TEA, una auténtica biblioteca propia de un centro de arte, como la del IVAM o la del Reina Sofía. Un espacio donde se pueda ir a disfrutar y a trabajar en cuestiones relativas al arte: un buen centro de documentación sobre arte, que no existe en Canarias. Bueno, en Canarias no, en Tenerife. El CAAM, aunque a un nivel menor, lo tiene. En fin, me gustaría optar entre a ir a una biblioteca municipal o a una insular, cada una con sus contenidos específicos y diferenciados: en un lugar la historia escrita de la ciudad, sus colecciones, su prensa, etc. y en el otro, un espacio para investigar, trabajar o leer sobre arte, más vinculado a las actividades artísticas que ahí se desarrollan.

- Quizá la escala del lugar no dé para más: una biblioteca, un cine con una oferta distinta de la comercial, y gracias. Alguien debería explicar porqué una biblioteca que era municipal, al pasar de un lado a otro del barranco de Santos, se convierte de la noche a la mañana en una biblioteca insular. En mi opinión, es lo mismo que ha ocurrido con el Centro de Fotografía al integrarse en el TEA: hemos pasado de la posibilidad de tener dos espacios diferenciados, con una oferta multiplicada, a un gran centro de arte que ha engullido a otro, despojándolo de su autonomía y restando sentido a sus actividades.

-Visto así, el debate sobre si debe continuar existiendo o no una Bienal de Fotografía parece un tanto secundario. A lo mejor la pregunta que debe hacerse es hasta qué punto saldremos ganando con esa centralización.

-Yo sólo digo que tenemos un árbol con unas ramas potentes, y las estamos podando. Si seguimos así, solamente quedará el tronco, y estaría bien que haya ramas largas y frondosas que nos den sombra.

-Pero si la alternativa es un tronco lo suficientemente sólido que garantice la continuidad en el presente y en el futuro de todos los proyectos que lo conforman pues, bienvenido sea. En ese sentido, me da igual que ese árbol se llame Bienal, Centro de Fotografía o TEA, aunque lo deseable es lo que todo el mundo esperaría: un tronco sólido llamado TEA, con un Centro de Fotografía bien visible, como una de sus ramas principales y una Bienal (o la alternativa que quiera buscarse) como un fruto apetecible de temporada.

-Como esta Bienal ha coincidido con la celebración del primer aniversario de la inauguración del TEA -y se quiera o no, esa Bienal forma parte de su programación-, cualquier análisis sobre la misma no puede dejar de lado una alusión a lo que se ha hecho hasta ahora. Y lo cierto es que la apuesta del TEA por la fotografía está siendo impagable, con una presencia continua y con exposiciones extraordinarias como la que estos días se presenta bajo el título Indagaciones y Miradas en la Colección Ordóñez-Falcón, que recoge una parte de los fondos de esa colección recientemente cedida al TEA.

-Creo que es un auténtico lujo disfrutar de este material, extraordinario tanto por los autores de primerísima línea representados como por las obras que forman parte de la colección. Sin duda, se trata de un éxito personal del director del TEA, por su relación con el matrimonio Ordóñez-Falcón. Disponer de ella durante los próximos diez años, nos convierte en una referencia a nivel nacional y permitirá organizar otras exposiciones de igual o superior calidad a la de ahora vemos, aparte de que facilitará el intercambio de proyectos y obras con otros centros.

-Hablando de la enorme importancia de esta colección, creo que es necesario hacer una observación, digamos colateral: sería una verdadera pena que alguien en esta isla dejase de ver esta exposición o, porque no decirlo, de ir al TEA por la obligación de pagar una entrada. A un año de su apertura es un buen momento para hacer balance sobre este asunto. Creo que sería muy oportuno y conveniente que no hubiera que pagar entrada para ver las exposiciones que se organicen, como ocurre en muchos centros culturales de este país. El CAAM, sin ir más lejos.

-Es fundamental acercar la cultura a los ciudadanos. No podemos ponerle puertas a la cultura. Hay que facilitar el acceso para traspasar barreras. Tenemos que hacernos más ricos humana y espiritualmente y las instituciones públicas deberían luchar por ello.

-Precisamente por las carencias que tenemos aquí, debería exigirse un esfuerzo añadido por parte de las instituciones. Porque, ¿cuál debe ser el objetivo final de un espacio público para las artes?, ¿un lugar privilegiado, sólo para privilegiados, un lugar de élite o, al contrario, la apuesta debería de ser abrir las puertas de sus salas de exposiciones, igual que se abren las puertas de la Biblioteca?

-La Biblioteca también pertenece al TEA, y no se entiende por qué en un mismo edificio existen unas partes de libre acceso (para leer libros) y otras, diez metros más allá, en las que hay que pagar (para ver imágenes). Al fin y al cabo, el mantenimiento de la Biblioteca también tiene sus gastos y a juzgar por ese bosque aéreo de luces encendidas las veinticuatro horas todo el año, la factura debe ser muy elevada. Claro que eso siempre será discutible, porque podemos preguntarnos si el cine que proyecta el TEA o si los conciertos del Auditorio también deben ser gratis.

-Se trata de concienciar y de crear público. No es de recibo que frente a la asistencia masiva de gente a la biblioteca, las salas de exposiciones estén vacías. Habría que articular fórmulas de acceso sobre todo para el público más joven -que va a la Biblioteca y que no participa en otras actividades del TEA- o para los grupos de estudiantes que asisten a las exposiciones como parte de su formación docente. Habría que insistir en el aspecto educativo que debe tener un Centro como éste, para formar gente con criterio, capaz de no tenerle miedo a la cultura o a entrar en una sala de exposiciones, como les ocurre a muchas personas. Sólo si existe esa promoción de la cultura, esos jóvenes de ahora serán el público fiel del TEA en el futuro.

-Habría que saber lo que ha supuesto el número de personas que han ido esta última semana de festejos con respecto al total de público asistente al TEA desde su inauguración. Parece ser que la cifra fue muy alta. No sé si la gente ha ido estos días porque era el primer aniversario o porque era gratis. Yo creo que un centro como el TEA debe nacer con una vocación general de rentabilidad, y no me refiero sólo a la rentabilidad económica. Si lo que supone la exigua venta de entradas es sólo un porcentaje ridículo respecto al total de su presupuesto, cabría preguntarse si, culturalmente hablando, no sería más rentable fomentar determinadas inquietudes latentes y apostar por un mayor número de visitas lo que, a la larga, acabaría siendo un valor positivo, como "cartel", de cara a futuras exposiciones o actividades. Esa apuesta se podría compensar con otras fuentes de financiación de las actividades como, por ejemplo, el patrocinio puntual de empresas o la creación de una sociedad de Amigos del TEA.

-Esa misma voluntad de promoción está en el origen del Centro de Fotografía y de las bienales: en este caso, la promoción de la creación fotográfica en Canarias. Incluso este año en el que se ha reducido de forma drástica el número de autores seleccionados vuelve a manifestarse uno de los logros principales de la Bienal: el descubrimiento de nuevos valores.

-Es verdad, porque los cuatro fotógrafos seleccionados (Erika Barahona, Michael Michlmayr, Bruno Arbesú y Cristina Gómez), presentan unos trabajos muy serios y rigurosos, muy distintos entre sí pero todos en una órbita muy contemporánea. Es probable que, al haber menos autores seleccionados, se haya producido un nivel más alto. De hecho, muchos proyectos interesantes tuvieron que quedarse fuera. Eso demuestra el poder de convocatoria de Fotonoviembre. Y puede ser una razón más para que no se pierda.

-Uno tiene la sensación de estar asistiendo al final de algo, a la agonía de un modelo en crisis. No sabemos cuál será la respuesta adecuada, ni cuál será el destino de la Bienal. Sólo sabemos que esta ceremonia de la duda no será eterna: sólo durará dos años más.

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