BENJAMÍN REYES BÁEZ
La octava edición del Festival de Cortometrajes de Arona, que se celebró entre el 24 y 27 de noviembre, se caracterizó por el marcado acento social de las cuarenta y cinco películas exhibidas, en las que primaron las relaciones humanas en diferentes ámbitos como la familia, el trabajo o la pareja, abordando temas como la inmigración, la vivienda o el aborto.
El festival de cortos de Arona, el segundo más longevo de los festivales de cine que se celebran actualmente en Canarias, ofrece una inmejorable oportunidad para aquellos que se inician en el mundo del cine y es un escaparate ideal para que directores noveles se den a conocer. Cineastas españoles, hoy consagrados, como Daniel Sánchez Arévalo (Azuloscurocasinegro) o Juan Antonio Bayona (El orfanato) figuran en el palmarés de este festival. Asimismo, bajo el amparo del certamen han crecido cineastas canarios como David Baute, Mercedes Afonso, Aarón J. Melián, Guillermo Ríos, Vasni J. Ramos o David Cánovas.
35 milímetros
Veintiuna películas optaron al mejor cortometraje en cine. Al final se alzó con el galardón Yanindara, de Lluis Quilez. El director de Avatar (que ya consiguió el mejor corto de cine en 2006) cambia de registro, abandona el suspense psicológico para adentrarse en un drama protagonizado por gitanos rumanos con un halo de misterio. Destaca su excelente puesta en escena y unos protagonistas (Camelia y Bulgar, matrimonio adolescente en la vida real) que desprenden autenticidad. Yanindara fue la gran triunfadora, ya que también fue galardonada con los premios de mejor director y mejor ambientación. Por algo formó parte de la programación del reciente Festival de Gijón.
El nivel de los trabajos canarios presentados este año fue excelente, como lo demuestran Dime que yo, del grancanario Mateo Gil, y Ante tus ojos, del tinerfeño Aarón J. Melián. El guionista habitual de Alejandro Amenábar se vuelve a poner tras la cámara tras su exitoso largometraje Nadie conoce a nadie (1999), para contar una historia de parejas. Para Mateo Gil, la pareja no se crea ni se destruye, simplemente se transforma. A unos diálogos sin desperdicio se unen unas convincentes interpretaciones de Fele Martínez y Judith Diakhate (todo un hallazgo). A la sazón, mejor guión y premio especial del jurado. Por su parte, Melián, intenta responder, en su corto más ambicioso hasta la fecha, a la pregunta: ¿Si hoy murieras, qué momentos pasarían por tu retina? Un diáfano ejemplo, de que con talento, se puede rodar una buena y visual historia sin tener que salir de Tenerife. El jurado le otorgó el premio al mejor corto canario. Todo lo contrario se puede decir de Flat Love, de Andrés Sanz, que es uno de esos realizadores que se cree Martin Scorsese o Woody Allen por rodar su corto en Nueva York. Nada más lejos de la realidad. Su propuesta llega a irritar a pesar de la voz en off de Isabella Rossellini y a la fotografía (que fue premiada como la mejor).
La rubia de los Pinos Puente, de Vicente Villanueva, resulta una simpática crítica a los reality show que inundan la televisión. Su protagonista, Carmen Ruiz, consiguió el galardón a la mejor actriz por su convincente caracterización almodovariana. A pesar de que los premios estuvieron muy repartidos, los interesantes Socorrat y Burbujas se fueron de vacío. El primero ofrece un hilarante retrato de una familia disfuncional. Y el segundo, plasma una visión desinhibida del sexo.
El corto canario existe
La remesa de cortos en vídeo arrojó como resultado siete filmes interesantes, diez trabajos solventes y siete cortos flojos. Entre los interesantes hay que destacar títulos como Sonata para un dueto, un corto crepuscular, nada complaciente, con una magnífica interpretación de Manuel Manquiña (valorado como mejor actor de forma unánime); Ver, un intenso drama familiar, que obtuvo el merecido galardón al mejor trabajo en vídeo, y Tropezones, un escatológico corto que resulta la versión española de aquella antológica secuencia del gordo epulón de El sentido de la vida (1982).
Nuevamente, las propuestas isleñas volvieron a rayar a gran nivel, con alguna excepción (léase Water Close) con trabajos como Buenas noches, de Vasni J. Ramos; Verónica, de Manuel León Caballero y Efímeros, de Iván López. Aunque la idea de Buenas noches no es original (un asesino que llama a la radio para anunciar su próximo crimen) está bien rodado y desarrollado. Además, cuenta con una eficaz interpretación de José Luis de Madariaga. La apuesta de Verónica concita la atención porque se adentra en el cine de terror. A pesar de que hace uso de todos los clichés del género, el resultado es meritorio. Por último, Efímeros, mezcla documental y ficción con la intención de rescatar la memoria de dos de los represaliados en Canarias durante el franquismo, a través de la historia de amor furtiva que vivieron. Se alzó con el premio a la mejor banda sonora original, obra de Jesús Agonar. Un buen año para el corto canario.