ESTHER BELTRÁN YANES
Dentro del Seminario Planeta Tierra que se desarrolla en la Real Sociedad Económica se realiza la presente breve síntesis del trabajo investigador de la autora.
La palabra paisaje, en sentido general, hace referencia a la imagen de un territorio, al aspecto de un espacio concreto. Asimismo este término lleva implícito un importante contenido cultural, de percepción o de sentido estético. Sin embargo, la definición de paisaje como forma de conocimiento científico implica un estudio de la fisonomía del territorio y, con ello, la explicación del conjunto de formas y elementos que lo integran. Este objetivo supone la consideración de la totalidad de los componentes del paisaje, así como la búsqueda de las relaciones que existen entre ellos y su reflejo en el aspecto de un territorio. Esta definición del objeto de estudio del Paisaje nos lleva a advertir su plena convergencia con el objeto general del conocimiento geográfico.
La celebración del primer centenario del volcán del Chinyero (1909-2009) es una oportunidad ideal para rememorar la última erupción de Tenerife, y rescatar mucha de la información que generó el desarrollo de la actividad volcánica, así como de las medidas de protección civil que en su momento se realizaron y de las repercusiones sociales que ocasionó. Pero también esta celebración debe tener unas expectativas más amplias, que incluyan además la reconstrucción del paisaje de la época en el que este fenómeno volcánico se originó.
El estudio de los paisajes en Canarias constituye una línea de investigación prioritaria que se desarrolla ya desde hace tres décadas en el Departamento de Geografía de la Universidad de La Laguna. La experiencia investigadora acumulada durante estos años de trabajo permite ahora proponer un complejo proceso científico de reconstrucción de ese paisaje volcánico olvidado. El objetivo fundamental es recuperar la importante función que tenían los volcanes en la configuración de los paisajes del antiguo Valle de Santiago y descubrir con ello la antigua identidad geográfica que distinguía a esta comarca.
El Valle de Santiago de principios del siglo XX constituía un territorio desértico, con extensas superficies quemadas por volcanes recientes e históricos y alejado e incomunicado de los principales núcleos de población de la isla. El valle se sitúa en un mundo de contacto entre las montañas dormidas de Teno y las cumbres volcánicas activas de Abeque, y al margen, además, de los efectos benéficos de la humedad de los vientos alisios del nordeste (que no se extendían más allá de las cumbres de Erjos). Sin embargo, este territorio estaba habitado por una población apegada a su tierra a pesar de las condiciones naturales adversas. Luis Diego Cuscoy compendió poéticamente esa difícil relación en un bello pasaje de Tenerife, la isla del Teide (1948): "…Es triste la canción del hombre que se sabe en una isla paradisíaca y le toca vivir en un infierno de soledad y muerte".
Las antiguas generaciones del valle conocían exhaustivamente la naturaleza en la que vivían y la utilizaban sabiamente, de tal forma que, a pesar de sus extremas limitaciones, podían obtener el mejor rendimiento de ella sin agotarla o destruirla. Recuperando la particular organización territorial y la fisonomía del Valle de Santiago en la época en que se produjo la erupción de El Chinyero -que no fue sino una pulsación más del corazón volcánico del de Tenerife-, recuperamos un determinado paisaje del sur que reflejaba una ejemplar relación del hombre con la naturaleza. Esta relación se basada en una actuación respetuosa y de integración de los hombres y mujeres de Santiago en un original entorno volcánico. Es verdad que las condiciones de vida distaban mucho de ser las idóneas, pero destaca el esfuerzo de esas gentes por conocer con profundidad la particular naturaleza de este territorio y adaptarse a él desde esa posición.
Rescatar esos paisajes olvidados, de los que quedan en la actualidad sólo retazos, es reconstruir la identidad geográfica de esta comarca y, haciéndolo, se rinde un justo tributo a esas viejas generaciones. Sólo conociendo el significado cultural y la originalidad de los paisajes canarios podemos llevar a cabo una acertada planificación de su gestión y conservación que permita afrontar con éxito su futura evolución.
(*) Las ideas desarrolladas en este texto constituyen una breve síntesis de una investigación más amplia que la autora expondrá en una conferencia que formará parte de la nueva programación del Seminario Planeta Tierra organizado por la Real Sociedad Económico de Amigos del País de Tenerife en su sede en La Laguna. Dicha conferencia forma parte, asimismo, de los actos conmemorativos de los 100 años de la erupción del Chinyero promovidos por el Excmo. Ayuntamiento de Santiago del Teide.
Perfil de La Investigadora
Doctora en Geografía y profesora titular del departamento de Geografía de la Universidad de La Laguna. Su trayectoria investigadora se ha centrado en el estudio del paisaje de territorios volcánicos recientes e históricos, tema con el que se doctoró con el trabajo El Paisaje Natural de los volcanes históricos de Tenerife. En los últimos años ha intervenido en los informes de Elaboración de Bases ecológicas para la gestión de los tipos de hábitat de interés comunitario presentes en España. (Directiva 92/43/CEE del Ministerio de Medio Ambiente) y ha sido coautora del libro La erupción de Arenas Negras Garachico, 1706. Evolución de un paisaje volcánico (2007). Es miembro de la comisión responsable del Ara de Cultura de la Fundación Canaria Mapfre-Guanarteme, a través de la cual ha organizado diferentes cursos relativos a la Geografía y al Paisaje.