EDUARDO GARCÍA ROJAS
- ¿Los nuevos escritores croatas se sienten deudores de la rica tradición literaria de su país?
- La presente escena literaria croata no tiene nada que ver con ella. No mira al pasado sino al futuro. De una u otra manera, la escena literaria croata se asoma a su región y mantiene contactos con la serbia, la bosnia, la eslovena… Es verdad que se considera la literatura croata como la más vívida, pero yo no puedo tener un criterio objetivo en este análisis. Sólo puedo añadir que mi impresión es que en los años 90, tras la guerra, nuestra literatura se transformó por completo. Apareció una nueva generación de escritores que cambiaron el rostro literario e introdujeron modelos novedosos para presentar esas obras. Debemos tener en cuenta que la guerra colapsó la red de publicaciones que existía, aunque a través de iniciativas basadas en la idea de que hay mucho público croata que quiere leer a nuevos autores se está construyendo cosas que sin apenas contar con apoyo del Estado, ha demostrado que existe de verdad lectores croatas que compran su literatura. Eso ha contribuido a que algunos escritores jóvenes se hayan convertido actualmente en una especie de estrellas en Croacia porque los medios de comunicación aceptaron esa idea y colaboraron en su promoción. Es decir, que ahora es normal que un escritor aparezca en los medios de comunicación, y muchos de ellos, lo más importantes al menos, estén vinculados a esos mismos medios. Así que puedes leer a un escritor crítico con la política en su función de periodista al mismo tiempo que lo conoces en su faceta de escritor.
- ¿Está abriendo mercado?
- Por un lado contamos con una calidad objetiva en la literatura croata de hoy en día, lo que sucede es que se procura encontrar otros mercados que no sea el nuestro. O una manera de penetrar en lenguas más grandes. En este aspecto, para nuestra literatura la lengua más importante es la alemana porque es la cultura más abierta a nosotros. Mucho más que la inglesa, la francesa o la española, así que se ha tomado como punto de partida para los grandes autores croatas.
- Se considera usted un escritor estrella en Croacia.
- He participado en festivales literarios y obtenido algún premio importante, en concreto el que concede el diario Jutarnji list, uno de los periódicos más leídos en Croacia, pero no aparezco todos los días en los medios.
- Los croatas leen nueva literatura croata.
-Sí, cómo no. Trabajo en una de las editoriales más grandes de Croacia y si bien la mitad de nuestras ediciones son traducciones de obras escritas por autores éxitos de venta en todo el mundo, últimamente las cosas están cambiando. De todas formas, el entusiasmo por la literatura nacional no está tan agitado como quisiéramos, así que los escritores croatas más vendidos no pueden competir con las obras de Dan Brown por poner un ejemplo.
- Tras la disgregación de la república yugoeslava, ¿hasta que punto se refleja esa dispersión en nacionalidades en la nueva literatura croata?
- Al finalizar la guerra se consideraba poco popular escribir sobre la guerra misma. Y lo que se escribía parecen textos que, a mi juicio, tienen escaso valor artístico. Es verdad, no obstante, que son muy pocos los escritores que narran la guerra en el mismo momento en que se produjo, pero al terminar ésta una nueva generación de creadores literarios comenzó a tratar la vida croata de postguerra, lo que significó un elemento muy importante en nuestra literatura. Ahora se enriquece este catálogo y son muy diferentes los temas, las poéticas que dan su interpretación de ese triste fenómeno bélico.
- Y en su caso, ¿qué pretende reflejar en su literatura?
- A mi me interesa sobre todo ese cambio que nos afectó tras la guerra, pero no sólo en nuestra vida, nuestro mundo y nuestro país sino dentro de nosotros mismos como personas. Me interesa mostrar esas señales de cambio que no son solo exteriores (los inválidos, las casas destruidas) sino lo que supuso de demolición interior, la que viene de dentro y que padecimos todos. En De qué nos enamoramos, el libro que ha editado en español la editorial Baile del sol, quería revelar estas inquietudes circunscritas a un espacio privado como es el amor. Mi tesis, si hay tesis, es que los cambios más importantes transcurren en este espacio privado. En la manera en que amamos a otros. Mi idea es que si puedes engañar a un turista español mientras tomas un zumo en una terraza mostrándole que has superado los traumas de la guerra, cuando te encierras en tu casa y te comunicas con tu pareja o con tus hijos las cosas cambian. Es otra realidad. Vivo en una sociedad que se encuentra en un estado casi de esquizofrenia, muy parecida a ese estado que describe Yoram Kaniuk en Adán resucitado, un país de hombres fuertes que lucha durante el día pero que llora al caer la noche. Esto es lo que me parece que sucede en las tripas de la sociedad croata. De una manera u otra, entiendo que esa semilla que relata Kaniuk es la misma enfermedad que sufrimos los croatas.
- ¿Le pone nombre a esa enfermedad?
- Me parece que la guerra nos hizo perder muchas cosas. Una de ellas es la ingenuidad, la capacidad de sentir con alguien su pérdida. Recuerdo que los primeros días de la guerra resultaba un choque emocional conocer la muerte de una persona a la que conocías pero a medida que fue avanzando el conflicto, son tantos que llega un momento en que lo ves normal. Al principio pensábamos también que la guerra era una causa santa, con ideas como defender la patria y el hogar, aunque en algún momento también pierdes eso. La guerra deja de ser santa y te amarga observar cómo hubo gente que en medio de todo aquello se enriqueció a costa de los demás y sobre las tumbas de los que fallecieron. Y surge un enorme rencor, y todo eso está en la fundación de nuestro Estado. Y eso te cambia la mirada y ya no puedes creer como creías antes.
- En los relatos de De qué nos enamoramos hay además de desesperación mucho humor.
- Ese humor es un humor amargo. Este libro reúne varias cosas y me costó mucho escribirlo porque capta cosas dentro de mí como es el amor, la desesperación. No creo, de todas formas, en una desesperación que es solo por sí misma, así que necesito un contrapeso para superar lo que he perdido. Por eso me interesa la gente desesperada así como la que siente que vivió el drama de perder. Si pretendo algo con la literatura es que la gente recuerde lo que perdieron.
- ¿Cómo son las relaciones con otros escritores de la ex república Yugoslava?
- Más o menos buenas. En mi caso particular, comunicó bastante bien con los escritores de mi generación serbios, bosnios y eslovacos. Estamos muy vinculados y nos conocemos unos a otros. Lo que sucede es que sólo somos parte de la escena. Hay otras tendencias en los niveles de ministerios culturales y asociaciones de escritores. Hubo escritores que durante la guerra asumieron posiciones muy radicales a través de las cuales se combatieron con sus textos unos y otros. Y todos esos escritores no hacen caso de las literaturas que nos rodean. Por eso, me parece que nuestra generación lo está haciendo bastante bien.
- Ha contribuido a ello la realización del Festival de Relato Corto Europeo, encuentro del que es editor y organizador.
- Lo realizamos cada año en una ciudad distinta. La primera vez fue en Zagreb, más tarde en Dubronik, etc. Una cosa que quisimos establecer, porque en Croacia la cultura está muy centralizada, fue precisamente descentralizarla, ofreciendo al público la oportunidad de disfrutar de los mejores autores europeos. Se celebra la primera semana de junio y ya vamos por la octava edición. Ha terminado por convertirse en uno de los encuentros más ricos y alegres de Croacia, y todo eso sin pretender organizar un gran festival y si algo muy familiar, que sirva para que los escritores se conozcan.
- ¿Nuevo libro?
- Estoy trabajando en un libro de cuentos y paralelamente en una novela pero ésta va a tardar porque tengo dos hijos. Los relatos del libro, en contra del primero editado por Baile del Sol, dedicado a los enamoramientos, estará centrado en ser padre. La responsabilidad, la familia y las relaciones entre hijos y padres. Pero no es un libro que gire en torno a estos estereotipos sino que pretende cuestionar y analizar las cosas buenas y malas que se siente siendo padre.
- Tengo la sensación de que su literatura pese a la pérdida también aspira a reconstruir. ¿Esos temas se ven reflejados también en otros compañeros de generación?
- Sí, pero hay autores que lo hacen de otra manera. Unos hablan sobre los efectos de la guerra y postguerra pero de una manera llena de vitalidad y un humor muy negro. Existen varias lecturas y modos de contar, hablar, y cada uno de nosotros intenta encontrar su propia voz.