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COLORES

RAFAEL AROZARENA EN EL HUECO DE LAS PALABRAS

 
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Misa fetasiana, de Rafael Arozarena. (Pintura del autor reproducida en el libro Conversaciones con Rafael Arozarena, de Roberto García de Mesa (Editorial Benchomo, 2004).
Misa fetasiana, de Rafael Arozarena. (Pintura del autor reproducida en el libro Conversaciones con Rafael Arozarena, de Roberto García de Mesa (Editorial Benchomo, 2004). 

Y Rafael, antes de saber leer y escribir, hizo otro, y otro, y otro más, y siguió haciendo Poesía hasta que, con los años, fue Poeta de verdad, fundiendo y confundiendo, en lo más alto que puede llegar a ser un hombre, la palabra y la existencia, el conocimiento y el sentimiento

SABAS MARTÍN (*) Diré con tres palabras lo que se entrevera en el hueco de las palabras.

POETA. En el principio fue la Poesía. Y, por la abuela, en Rafael fue la Poesía. El propio Rafael lo dejó explicado. Que tenía cinco años y que descubrió en algunas revistas textos dispuestos en columnas. "¿Esto qué es?", preguntó a la abuela. "Esto es Poesía", contestó ella, quien inmediatamente añadió: "Ser poeta es lo más alto que puede alcanzar un hombre". Entonces Rafael trazó una serie de garabatos que dispuso en columnas. Al ver lo que Rafael había hecho, la abuela, cómplice, le dijo: "Esto es un poema. Haz otro". Y Rafael, antes de saber leer y escribir, hizo otro, y otro, y otro más, y siguió haciendo Poesía hasta que, con los años, fue Poeta de verdad, fundiendo y confundiendo, en lo más alto que puede llegar a ser un hombre, la palabra y la existencia, el conocimiento y el sentimiento, lo presentido y lo vivido. Así hasta que la Poesía fue la Vida. Sin concesiones. Luego sabríamos que Rafael nos ha dado, con su Poesía, una cosmología íntima y propia, con la sublimación simbólica y esencializada de la Isla, y en donde se intensifican los modos transgresores derivados del surrealismo, cuajados en una palabra de atrevimiento conceptual, trasfondo existencial, y ruptura estética. Una palabra inédita y sorprendente. Y tanta Poesía había en Rafael que acabó desbordándosele en colores por las manos para, también, hacerse Pintura.

NOVELISTA. Fue Unamuno quien le dio la clave. Rafael venía de los parajes verdes de Tenerife y en Lanzarote descubrió la honda desolación de los volcanes. Entonces, para poder comprender lo que latía en los abismos de la desnudez esquelética del paisaje, Rafael recordó las palabras de Unamuno sobre Fuerteventura: "Hay que restregarse el corazón con la aulaga, que es espina, no miseria". Y así fue cómo vio lo más profundo de la apariencia. Escribió un romance, "María la de Femés", y allí ya estaba Mararía. Allí estaba el sentimiento reseco, desolado, reflejo de la misma condición de la lava que se propagaba por la geografía. Ese sentimiento descarnado del paisaje y sus gentes pero, al mismo tiempo, entre onírico y mágico, obsesivamente enigmático y cargado de presagios y misteriosas y líricas resonancias, sostiene lo que es un clásico fundamental, y fundacional, de nuestra literatura. Porque Mararía, la novela, permanece en la memoria de sus lectores, al igual que perdura Mararía, el personaje. Con ella Rafael nos ha entregado el símbolo de una isla que no puede poseerse y que, como la isla, tiene en el fuego su destino. El fuego que purifica, pero que igualmente quema, embruja, cautiva como un misterio inextinguible. Pero Mararía es lo que es porque es la novela de un poeta. Por eso permanece, por más que Rafael piense, con razón llena de razones literarias, que Cerveza de grano rojo es mejor. Pero no es mejor. Es otra cosa. Como otra cosa es Los ciegos de la media luna, un relato de la ajenidad y de la extrañeza, escrito desde la mirada del extranjero. Y es que Cerveza de grano rojo es la novela de un fetasiano.

FETASIANO. Rafael es amigo de Isaac e Isaac de Vega es amigo de Rafael Arozarena. Con una amistad que es más que un compromiso supeditado a compromisos circunstanciales. Una amistad que, puede decirse, es como una filosofía, un credo o un ceremonial litúrgico y en donde perviven los ecos de Fetasa, que es todo y es nada. Ser fetasiano es creer que es posible la búsqueda de lo absoluto desde la Isla. Es, José Antonio Padrón dixit, "presentir lo humano, que hace sentir su presencia en la Isla". Por eso lo fetasiano es tan ambiguo e inclasificable. Por eso la literatura fetasiana traspasa tiempo y espacio, se nutre de elementos míticos, simbólicos y de ensoñación, explora, indaga hacia dentro y hacia afuera del ser y el estar, abre fronteras y quita límites a los límites. Por eso, como en Rafael, la Vida no acaba en la muerte.

(*) Sabas Martín es escritor.

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