SEVERO SERVANDO
Tal vez se haya cruzado con alguna adolescente por la calle vestida con ropas negras, encajes, quizás botas militares, abalorios que intentan lucir como antiguos o que evocan tenuemente cierta estética sadomasoquista, un maquillaje que le parece realizado por un empleado de funeraria algo desequilibrado… Se trata de una descripción hecha al azar, hay muchas variantes posibles, sólo pretendo evocarle ese tipo de imagen personal (look, dirían insustancialmente algunos) que, generalizando, puede adscribirse a la denominación de "gótica". Si no sabe por qué se asocia esa palabra a la estética de lo sombrío pregúntese quién era Horace Walpole y revise sus conocimientos literarios, el tema de este escrito es otro.
Existen diversas corrientes orientadas hacia lo "gótico" con sutiles variantes en la indumentaria (tal vez dramáticamente significativas para las personas implicadas, pero sutiles al fin y al cabo) y con marcadas diferencias en cuanto a gustos musicales se refiere. Esas diferencias también resultan irrelevantes en este contexto, pues a lo que me refiero es a la huella cultural sostenida sobre lo que podemos considerar el bagaje de las tribus urbanas.
Para saber si es destinatario de mis juicios de valor pregúntese si le incomoda o le perturba, de alguna manera, encontrarse por la calle con personas de apariencia que podría calificar como extraña. Si es así intente definir de manera clara y precisa qué es lo que le convierte a usted y a los miembros de su entorno en ejemplo de "normalidad" frente a tan impertinente extravagancia. ¿Está completamente seguro de la solidez de sus argumentos? ¿Ni siquiera una vez en su vida ha deseado desafiar a la mayoría?
Volvamos al concepto de tribu urbana. Uno de los rasgos más interesantes de la cultura popular posterior a la Segunda Guerra Mundial -este fenómeno también se daba antes, pero en muchísima menor medida- es la aparición de grupos, normalmente juveniles, identificables por su apariencia física, ciertos gustos o actitudes más o menos compartidos y un estilo musical exhibido como bandera y que a menudo se convierte en el rasgo más destacado de todo este conjunto de circunstancias. En años recientes dicho fenómeno ha sido fagocitado una y otra vez por casas discográficas y firmas de ropa, pero siempre acaba surgiendo alguna nueva corriente que durante un tiempo más o menos largo podrá ostentar en algunos casos cierto grado de provocación y en otros simplemente de excentricidad.
A menudo se trata de un intento, si se quiere ingenuo, de búsqueda de dignidad frente a una realidad deprimida con escasas expectativas de redención. Se lo aclaro con ejemplos de dos de las primeras tribus urbanas surgidas en territorio británico. Desde allí -siempre ha sido un lugar idóneo para su florecimiento, tal vez porque su respeto a la excentricidad no es muy común en otras tierras- suelen difundirse hacia otros países, entre ellos el nuestro: Los Teddy Boys de los años cincuenta adoptaron los emblemas del rock´n´roll y sumaron a dicha estética las levitas y los cortes de pelo propios de los dandies fin de siécle (de ahí su nombre de Teddy Boys o Eduardianos), rompiendo con arrogancia los códigos de su origen social proletario. En la década siguiente sus enemigos estéticos los mods, de similar extracción social, convirtieron las modestas scooters para desplazarse por la ciudad en llamativas monturas cubiertas de espejos y singularizadas con toda clase de adornos, al tiempo que las parcas verdes -los abrigos más baratos, comprados en mercadillos de segunda mano como material usado del ejército- se constituían en símbolo de una "modernidad" que escuchaba, entre otros estilos, música soul y que anhelaba mostrar desprecio por un futuro laboral nada halagüeño. El deseo intenso de "ser alguien" y cierta autoafirmación estética subyacen claramente aquí, pero ya está bien de seminario express sobre cultura urbana, volvamos al súbito encuentro con una jovencita "gótica".
¿Qué le molesta exactamente? Lo más probable es que se comporte de manera absolutamente correcta, tal vez incluso de forma sorprendentemente educada y cívica. No se extrañe, quienes adoptan dichos códigos de imagen suelen tener un razonable nivel educativo y pertenecer a familias con un status económico medio o alto. Sin embargo, ya sabe, son jóvenes a los que a menudo les da por leer a Poe o ver películas de Tim Burton; elecciones de poco fiar, en suma. Tal vez lo que le moleste realmente sea el descaro de querer mostrarse como diferente, descaro aún mayor si se trata de una chica.
Un notable poso de pensamiento autoritario permanece en parte de la sociedad española. Se trata de esa clase de personas a las que, por ejemplo, cuando alguien es maleducado y colérico les gusta decir que "tiene carácter" e incluso lo valoran por ello. Reflexiono sobre todo esto debido al patético revuelo montado recientemente en torno al encuentro del Presidente del Gobierno español y su familia con el matrimonio Obama. Sus hijas lucían un atuendo discretamente "gótico", motivo de drama nacional al parecer. A saber qué cosas pensarán y qué clase de música escucharán… ¿Deberían haber quizá ido convencionalmente vestidas, mejor con falda y tal vez con unos lacitos en el pelo? ¿Lucir una de esas horteras pulseras con los colores de la bandera? ¿No se les ha ocurrido pensar en el ejemplo de pluralidad y tolerancia que supone permitir a unas niñas, que por lo demás parecen educadas y sensatas, vestir de manera personal en una circunstancia sin duda especial para ellas? ¿Realmente les dan tanto miedo las actitudes y el pensamiento libres de rigideces convencionales? Si es usted de los que piensan así créame que he tenido un gran placer en irritarle. Si no lo es, estas líneas suponen un guiño de complicidad.