SERGIO RODRÍGUEZ CRUZ
Como contribución al Seminario Planeta Tierra: Ciencias de la Tierra para la Sociedad organizado por la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, se realiza la siguiente aportación: Desde el punto de vista de su impacto ambiental, muchos de los contaminantes atmosféricos pueden ser clasificados en alguno de estos dos grupos:
1) los contaminantes que afectan al clima, pero que no presentan efectos adversos en la salud de las personas en un corto periodo de tiempo.
2) los contaminantes que afectan a la salud de las personas y al clima.
El dióxido de carbono (CO2) es, probablemente, el contaminante del que más conciencia tiene la opinión pública, debido a su gran repercusión en los medios de comunicación. Este contaminante pertenece al primero de estos grupos. Es decir, el respirar CO2 a las concentraciones en las que este gas se encuentra generalmente en la atmósfera, no presenta riesgo para la salud humana. Sin embargo, este es un gas que absorbe radiación infrarroja y que presenta un tiempo de vida en la atmósfera elevado (varias décadas). Por esto la acumulación de CO2 en la atmósfera contribuye al calentamiento de la misma.
Los contaminantes del segundo grupo son quizás menos conocidos para la mayoría de la ciudadanía. Sin embargo, influyen en nuestra calidad de vida a corto plazo mucho más de lo que lo pueda hacer el CO2. Dentro de este grupo de contaminantes encontramos a diversos tipos de gases, como los óxidos de nitrógeno (NOx), monóxido de carbono (CO) y dióxido de azufre (SO2), y varios tipos de partículas suspendidas en el aire ambiente, tales como las partículas PM10 (con tamaño inferior a 10 micras) y partículas PM2.5 (con tamaño inferior a 2.5 micras). Estos contaminantes son emitidos diariamente en los entornos en los que hacemos nuestra vida cotidiana. Los automóviles emiten grandes cantidades de NOx, CO y partículas PM10 y PM2.5. Los barcos, las centrales de producción eléctrica y las refinerías emiten NOx, SO2 y partículas PM10 y PM2.5. Estudios epidemiológicos avalados por la Organización Mundial (OMS) de la Salud han demostrado que la presencia de estos contaminantes en el aire que respiramos día a día afecta a nuestra salud. La exposición a estos contaminantes agrava las enfermedades respiratorias y puede dar lugar a dolencias cardiovasculares. En muchas ciudades se observa que durante e inmediatamente después de los episodios de contaminación, aumenta el número de ingresos hospitalarios en urgencias por infartos. La OMS estima que el número de muertos en Francia, Suiza y Austria, a causa de la contaminación atmosférica ronda las 40,000 personas/ año. En 2006, el Ministerio de Medio Ambiente estimó que los muertos en España causados por las emisiones de contaminantes de los automóviles rondaba los 16,000 personas/ año. Es decir, los automóviles en España matan cinco veces más por el tubo de escape que por accidentes de tráfico.
El deterioro de la calidad del aire debido a las emisiones de estos contaminantes no sólo representa un problema de salud pública, sino que además aumenta notablemente el gasto público y privado. La contaminación por NOx, CO, SO2 y partículas PM10 y PM2.5 en el aire ambiente provoca: i) bajas laborales, ingresos hospitalarios y tratamiento médicos, ii) pérdidas en la agricultura por daños en los cultivos (los contaminantes perjudican el desarrollo de las plantas), iii) daños en la vegetación de los espacios naturales, y iv) deterioro en los monumentos, edificios y mobiliario urbano. A finales de los años noventa la OMS presentó un informe en el que se estimaba que, estos efectos adversos de la contaminación atmosférica causan gastos de hasta seis mil millones de euros anuales en algunos estados europeos. Éste y otros informes han puesto claramente de manifiesto que los gastos que provoca la contaminación atmosférica son muy superiores a los costes de reducción de emisiones de contaminantes. O dicho de forma, es más caro "arreglar los desperfectos y cubrir los gastos provocados por la contaminación" que "hacer inversiones para reducir emisiones de contaminantes". Estas estimaciones, junto a los efectos que tiene el cambio climático, llevan a concluir que, la contaminación atmosférica (si no se le pone freno) puede llegar a limitar el grado de desarrollo de determinadas regiones de la Unión Europea. Este fue uno de los motivos por los que desde finales de los años noventa la Comisión Europea viene aprobando Directivas de Calidad del Aire cada vez más restrictivas. No solo se trata de proteger la salud de las personas y de los ecosistemas, sino de poder garantizar un espacio, en el que el crecimiento económico debe venir acompañado de una reducción en las emisiones de contaminantes. Es decir, se trata crecer sin aumentar emisiones. Lo que nos obliga al inicio de una nueva revolución industrial.
Perfil del Investigador
Doctor e investigador del Centro de Investigación Atmosférica de Izaña. Ha trabajado en La Universidad de La Laguna, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el Joint Research Centre (JRC) de la Comisión Europea, el National Environmental Research Council (NERC) del Reino Unido y la Universidad de Huelva. Ha publicado 34 artículos en revistas científicas internacionales y ha participado en más de 60 congresos relacionados con Calidad del Aire. Ha participado en más de una decena de proyectos de investigación, entre los cuales cabe citar: i) GRACCIE (Equipo de Investigación Multidisciplinar sobre Cambios Climáticos Graduales y Abruptos y sus Efectos Medioambientales; convocatoria Ingenio Consolider 2010, Plan Nacional de I+D+i), ii) EPAU (Evaluación integral del impacto de las emisiones de partículas de los automóviles en la calidad del aire urbano; financiado por el Ministerio de Medio Ambiente), y iii) origen de las partículas finas y ultrafinas en el aire ambiente de Milán, Londres y Barcelona (cofinanciado por el JRC, CSIC y NERC).