I.D.C.
Juan Mayorga, fundador del grupo teatral El Astillero y estable colaborar del Centro Dramático Nacional, lleva recibiendo premios, publicando y estrenando sus obras hace veinte años. Y en este tiempo, ha aprendido a engrasar sus textos que, poco a poco, han ido calando en el público español, europeo y americano.
En los últimos diez años se ha convertido en un autor imprescindible, descendiente del teatro independiente y de la generación de los 80. Un escritor que es capaz de representar ideas en la escena, que recupera la palabra, que no infravalora la inteligencia del espectador. Un dramaturgo que defiende que el teatro es el arte político por antonomasia.
Hamelin es uno de los textos por el que el autor reconoce que siente más aprecio, junto a Camino del cielo (un encargo del Royal Court, estrenada en Londres) y El jardín quemado (que nunca ha llegado a escena).
El referente de Hamelin es plenamente actual. Basada en casos reales, examina un tema difícil como la infancia desatendida y la pederastia. Sin tomar partido, Juan Mayorga logra representar, de una manera esencial, nuestro tiempo tan convulso.
Y con "palabras y no golpes de efecto", compite con el teatro que se mide con la industria del espectáculo. Porque es el lenguaje uno de los aspectos en el que Mayorga quiere centrar nuestra atención. En Hamelin, nos dice, "el juez, la psicóloga e incluso el pedófilo son dueños de lenguajes desde los que pueden atacar y defenderse. La miseria de la familia del niño empieza por la carencia de un lenguaje semejante. Y el niño sólo tiene el silencio."
Desde su compromiso con la verdad del teatro, su texto nos invita a abrir las puertas de los decorados sociales para encarar su vacuidad. En este sentido, es una obra plenamente política. En Hamelin se plantea un caso de abusos a menores donde el mundo de los acusadores -funcionarios, periodistas- fabrica un discurso coherente y el de los desposeídos, en cambio, no encuentra palabras para defenderse. En Hamelin, unos padres a los que se les ha retirado la custodia de sus hijos se reencuentran con ellos en una escuela hogar. Y sólo serán capaces de decir banalidades, no tienen palabras para ordenar lo que les ha ocurrido.
Pero es el formato lo más llamativo de esta obra de Mayorga. El público asiste perplejo a una sesión informativa en la que el narrador va a describir los hechos, las acciones de los personajes, los objetos, los espacios, los sentimientos. La inquietante presencia de este acotador marca el ritmo de la obra, resalta los momentos más dramáticos y señala las pausas más incómodas, rompiendo la cuarta pared, mirando a los ojos de lo espectadores, interpelándoles sin esperar respuesta.
Bajo la clave de un cuento para a adultos, la simbología del flautista que un día se lleva a los niños de Hamelin en venganza por el trato recibido tras limpiar la ciudad de ratas, se proyecta durante toda la representación. Pero en esta ciudad, las ratas campan a sus anchas.
Con un rigor metodológico y un talento literario fuera de lo común. Juan Mayorga pone el dedo en la llaga, reflexiona, analiza el tema y sintetiza las ideas, afrontando sin frivolidades el asunto. Nos hace reflexionar acerca de la educación de los hijos, la familia, los profesionales, la sociedad.
Para ello, es indispensable dedicar toda la madera escénica a construir la narración y hacerlo con los mínimos elementos. Por ello, exige del espectador una actitud activa, en la que, igual que en un texto novelado, va construyendo con su imaginación el contexto en el que se desarrolla, convirtiendo el escenario en una ciudad, en su ciudad.
Esta será la undécima vez que se monta Hamelin y la primera vez que se vea en Canarias. Y para llevarlo a escena, una compañía que, desde su nacimiento, se ha especializado por la escenificación de autores contemporáneos.
La Republica nace en Ingenio en 1995. Se estrena con Chatarra, su premier espectáculo profesional en 1997. Desde aquellos inicios, en el que acudió representando al teatro canario al Festival de Palma del Río en Córdoba, le han llovido invitaciones para girar por Estados Unidos y Latinoamérica. En medio quedan distintas giras por todas las islas y por España.
El montaje de La República mantiene en escena a todos sus intérpretes, que hacen diversos papeles, según los presenta el narrador, Miguel Ángel Maciel, un excelente actor argentino que oficia de maestro de ceremonias. Su director, Nacho Cabrera, ha querido resaltar la fuerza de la sencillez en el planteamiento escénico. Un libreto de este calado necesita "un trabajo actoral muy potente" para lograr "credibilidad y eficacia en el mensaje". "Uno de los grandes retos que presentan los textos de Juan Mayorga es el ritmo trepidante de acción y diálogos. Aunque la trama sea profunda, la estructura es sencilla y fluida, y eso requiere llevar las cosas muy bien atadas", reconoce.
La escenografía de La República parte de una complicada maraña de diferentes espacios que propone el texto. Es un reto desde el punto de vista del espacio escénico lograr tal vértigo. En este sentido, y tratando de aportar dinamismo, el montaje trabaja con un elemento escenográfico central dotado de movimiento que crea cuatro grandes zonas de actuación.
Hamelin, de Juan Mayorga y de La República, se estrena los días 16, 17 y 18 de Octubre en el Teatro Cuyás. Y es un espectáculo que no deberíamos perdernos, porque es una de esas obras que dejan huella.