Entrevista
JORGE MOCH / ESCRITOR 

´México es un país de impunes´

 15:59  
´México es un país de impunes´
´México es un país de impunes´ 

Tras leer ¿Dónde estás, alacrán? uno tiene la sensación de que su autor, Jorge Moch (México, 1966), nació en un tiempo equivocado. Que su época tenía que haber sido la del Siglo del Oro de las letras españolas, a la que rinde su peculiar homenaje en esta novela negra pero también mestiza. Compleja y violenta. Uno de esos libros que lees con adicción pero que, lamentablemente, son de difícil acceso para el lector español ya que pese a estar editado por Planeta, sólo se ha distribuido en México. Jorge Moch compagina actualmente su actividad literaria con sabrosas y sangrantes columnas en el suplemento cultural La Jornada, y la de aplicado historietista satírico en Milenio Diario con sus Cuentos infernales.

EDUARDO GARCÍA ROJAS - ¿Dónde estás, alacrán? me parece más una novela de frontera narrada a través de varios puntos de vista que una policíaca al uso.

- Tiene varias vertientes. Es una broma, una provocación y está contada así porque no me gustan las narraciones lineales sino los libros que te imponen un reto. Fui un lector precoz. A los 8 años leía a Salgari, Twain, Conan Doyle y Horacio Quiroga, entre otros, hasta que un día y mientras hurgaba en el armario de un tío se cayó un libro: La vuelta al día en 80 mundos cuya lectura fue como un relámpago porque me partió por la mitad. Me fascinó su escritura. Otra novela que me marcó fue la narración o los modos de narrar en La ciudad y los perros de Vargas Llosa, con esa polifonía que no era de etiqueta y que te obligaba a que hicieras tu propio trabajo detectivesco para detectar todas aquellas voces. Entiendo, no obstante, que esta forma de narrar una historia es una tortura para los lectores pero no todo lo que escribo es como en ¿Dónde estás, alacrán?, cuyo lenguaje y personas son más barrocos. Anastasio, el protagonista de la historia es un producto extraño. Es hijo de un Guardia Civil y una republicana; después se convierte en un policía con chapa en México, donde ya acumula mucha maldad y cinismo, y más tarde se hace detective. El personaje pedía ser barroco y el entorno narrativo de la novela pedía serlo también. Más tarde se me ocurrió que no era suficiente y fui intercalando un diccionario de neologismos donde pongo trampas y topes al lector.

- ¿Por qué?

- Pues por muchas razones aunque primero por carácter porque se está perdiendo el español, y más en América por el inglés de los Estados Unidos. Y creo que esa es parte de mi responsabilidad como escritor, que pueda ser capaz de poner boyas de salvamento en esta marea bicultural y bilingüísta que padecemos en América. Pienso que un texto tiene que ser además musical, será mi aspiración de hacer poesía que no pienso escribir porque me sale chiclosa, aunque en mi narración tiene ritmo, es casi como un jazz sincopado, con interrupciones y silencios donde se cuela un neologismo ridículo y pedante a través de un diccionario inexistente. Eso va contrapunteado con unas epístolas de una ternura quiero pensar conmovedora en la que se desgarra un hombre que padece un arrepentimiento moral terrible. Un hombre que abandonó a su familia, lo que me permite en el estado en que escribe, que suele ser de obsesión diabólica, asomarme a muchas psicologías diferentes.

- Los personajes de ¿Dónde estás, alacrán? son de todas formas bastante detestables, pero sabe sacarles un punto de ternura…

- Es una novela de relatividades. Yo mismo soy radical. Es una revisión de mi propia psique. Lo que trato de hacer es relativizar el bien y el mal. Dos casos en la sociedad mexicana donde hay un tipo bueno que debe entregarse a los demás o bien un tipo aparentemente malvado pero que resulta ser un abuelo ejemplar. Eso a mi me fascina, esos claroscuros de lo que somos capaces. Me maravilla y aterra pensar que los hombres han sido capaces de pintar la Capilla Sixtina y crear Auschwitz. Es un discurso perogrullesco y trato de reflejarlo en los personajes. En el caso de Anastasio, lo detesto pero es capaz de enamorarse o de criar a un niño, y eso es brutalmente hermoso.

- ¿Los personajes están inspirados en la realidad?, ¿pretendió así un ajuste de cuentas con la sociedad mexicana al describirlos en su novela?

- Es una novela vengativa porque México es un país de impunes. Esta novela, para satisfacción de su autor, castiga a todos esos infelices y los mete en la cárcel donde son asediados por unos terribles remordimientos a los que quedan enganchados por la tripa. Lamentablemente eso no pasa en la vida real porque todos estos tipos viven felices en sus palacios donde disfrutan de sus millones de dólares. Por eso quería vengarme un poco, meter a uno de ellos en la cárcel por rata.

- En su novela todos los personajes femeninos son víctimas.

- Tengo una terrible proyección a victimizar a la mujer pero no es algo que sea del todo consciente. Es una manera de reivindicar a la mujer en México, que desde la fundación de la nación ha vivido en una falocracia. En todo caso trato de rescatarla como mártires más que como víctimas.

- He detectado también numerosas inspiraciones literarias.

- Sí que las hay, lo que pasa es que mi formación literaria es autodidacta y he sido un lector denodado del Siglo de Oro pese a que mis novelas no se apoyen en las Soledades de Góngora, pero la fascinación está ahí. Además, cada cierto tiempo recupero a Quevedo para mi disfrute personal. Nunca estoy lejos de esos jinetes apocalípticos literarios. Los tengo siempre muy presentes. Soy un reiterado lector de Juan Ramón Jiménez porque me place releer su Platero y yo, un libro que le leo a mi hija como el Lazarillo de Tormes, y ver como se queda plácidamente dormida con estas historias es muy hermoso. Siempre he sido lector de españoles.

- ¿Considera, no obstante, que hoy por hoy el género negro es el más adecuado para reflejar la realidad de su país?

- Es que no hay otro. O en todo caso habría que inventar el negro humorístico. El género negro, quizá por mi deformación de periodista, es un género testimonial aunque sea ficción. La fisonomía de ¿Dónde estás, alacrán? no es, sin embargo, negra del todo, sino una especie de relato realista trágico y exagerado. O ficción con una serie de personajes con una exagerada elocuencia a los que llegas a detestar pero forman parte de una farsa que tiene claros vasos comunicantes con la realidad de México. Realidad que en mi novela se queda corta.

- Planeta la edita en México pero no en España.

- Una contradicción. Contradicción que encontré primero en Alfaguara donde la leyeron para el premio y se sugirió publicarla en México. En ese momento pensé cándidamente que igual se editaba en España como novela latinoamericana pero no. Después me fui a Planeta y si bien me pareció diferente resultó al final exactamente igual. Es una contradicción que no entiendo, y menos la explicación de los directores comerciales de ambas editoriales, que son de perogrullo, ya que dicen que no traen las obras a España porque no me conocen. Es un círculo vicioso de lo más tonto. De pronto te puedes convertir en autor de éxito no solo en España siempre y cuando ganes uno de esos premios literarios, pero no tengo muy claro cuáles son los mecanismos de recepción de los manuscritos y tampoco que se lean todos.

- ¿Tengo curiosidad por saber con cuál de las definiciones de sus diccionarios inventados se identifica?

- Tengo una frustración como poeta por lo que soy incapaz de desnudarme en un texto. Lo intento en unas cartas que preparo para mi hija Fabiana. Las cartas son prosa pero prosa poética. En el libro me permito ser poeta en una definición del amor y no tiene neologismo por título aunque sí tiene diccionario. El amor me parece el tema más manoseado, así que jugué a ver si encontraba algo nuevo.

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