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FRANCISCO BASALLOTE
Cuatro noches romanas. Guillermo Carnero, Tusquets, Barcelona, 2009
No cabe duda del papel primordial de Guillermo Carnero (Valencia 1947) en la poesía contemporánea española, hito de modernidad tras su inclusión en la Antología de José Mª Castellet Nueve novísimos poetas españoles y reivindicador del grupo Cántico con su famoso ensayo El Grupo Cántico de Córdoba. Un episodio clave de la poesía española de posguerra (1976), recientemente reeditado. Profesor en Harvard y Berkeley, Catedrático de Literatura, Premio Nacional de Literatura, de la Crítica, Premio de las Letras Valencianas y Fastenraht de la Real Academia Española.
Para quien la Poesía "es una difícil fusión de emoción, intuición y pensamiento" y es autor de libros fundamentales en los que la maestría verbal del lenguaje y el rico bagaje culturalista elabora piezas singulares en las que la belleza y la magnificencia de las ciudades europeas decisivas en la historia del hombre y su cultura, se manifiesta en libros como Verano inglés y Fuente de Médicis como homenajes y ofrendas respectivos a Londres y París, era absolutamente lógico que hiciera escala en Roma y en el esplendor y el oculto brillo de los mármoles , el canto de las fuentes, las majestuosas esculturas o el espacio dominado de Bernini , escribiera este libro Cuatro noches romanas que es invocación y ofrenda a la ciudad eterna.
Pero Cuatro noches romanas no es un libro elegíaco al uso, es algo más, es una especie de meditación final, una recapitulación de lo vivido, el amor, la belleza, el arte, y el hallazgo del vacío tras el tiempo en un diálogo en cuatro fases con la Muerte . A través de esos encuentros en los que surge una especie de batalla dialéctica con contenidos de atracción y desprecio, de repulsa y cierta seducción, se va planteando las cuestiones constantes de la poesía.
En la Noche primera, Campo de´Fiori, dice la Dama :" - Después de tantos años escribiéndome/hoy has venido a verme." y responde el poeta " -Siempre supe/que hacia ti me llevaba mi destino ,..." y en un largo párrafo acusatorio le dice:" …a los cuerpos que duermen sosegados/en el aplazamiento del deseo/les oreas y alargas su delicia/para que se aniquilen por inercia/de su felicidad…". En una respuesta se define la Señora: "Mi juego y mi placer son sembrar el espacio/de esos signos de muerte sucesiva,…", terminando el poeta con la siguiente petición: "…Sé que no te merezco/todavía; te pido/sólo una señal: llueve/sobre todas las flores, y deshójalas./Arrastra todos mis recuerdos, que son manchas de sangre."
La Noche segunda se desarrolla en el Jardín de Villa Aldobrandini, donde "- Nadie, hace siglos, viene por la noche/a este lugar oscuro y solitario", dice la Parca y le contesta el poeta: "-Lo sé; pero me atrae su rüina/…/la fuente muda cuya taza cubre/un amasijo de raíces muertas. /Hoy no quería verte/entre las luces y el bullicio…" Y en un magnífico diálogo sobre la belleza del mundo y su efímera duración, dirá la Dama: "- De qué te serviría. La belleza/no será nunca en ti; no la tendrás /por mucho que la estreches…".
En el Cementerio Acátolico se desarrolla la tercera noche romana. Dice el poeta: "- Un día me dijiste: tu peor enemigo/es la memoria; aprende de los pájaros…" y la Dama dice: "-Mira a tu alrededor; no te complazcas/sólo en la destrucción y la rüina. /No hay lugar en el mundo donde brille/ más alta/ la belleza de la muerte." Y en una visita a las tumbas dirá: "-Pero tú sabes que esa simple lápida, en su serenidad de luz a mediodía/fue designio de un hombre atormentado…"
La Cuarta noche romana y su albada es un perfecto juego de atracción y repulsa, "-Ya no me ves hermosa en la luz griega." dirá la Muerte y el poeta contestará: " -Nunca lo fuiste; yo no te busqué/por hermosura…", " -Me encontraste/cuando eras casi niño, y desde entonces/siempre he estado contigo…" terminando el poeta y el libro con la siguiente petición: " En medio de mi noche/envuélveme en el manto de la tuya,/y sabré que por fin no duermo solo."
Un hermoso y complejo libro de un poeta que domina no sólo el lenguaje de la mejor poesía sino que logra en esa dúctil materia con las sutiles herramientas de la emoción y los más hondos pensamientos levantar un espléndido homenaje no sólo a la Ciudad Eterna sino a la perenne gloria de la Poesía.
DE AMANECERES Y DE ANOCHECER
JORGE DE ARCO
Rojo fuego nocturno. Jesús Munárriz, Hiperión. Madrid, 2009
Editor, poeta, traductor, antólogo, conferenciante… A lo largo de sus más de cuatro décadas de inagotable devoción literaria, la obra de Jesús Munárriz sigue creciendo rigurosa y constante.
Sabedor de que la actividad intelectual rejuvenece y dibuja horizontes ilimitados, el escritor donostiarra continúa pergeñando una obra diversa y meritoria que conjuga a la perfección con su lema: "tener ojos dispuestos siempre al asombro, ojos penetrantes, receptivos…", para poder cerrar después los párpados y poetizar la verosímil realidad que le circunda.
Mas esa realidad no es siempre gozosa. Ni justa. Y desde ese plano de racional emoción, arrancan muchos de los textos que Munárriz recoge aquí y ahora, en esta suerte de poemario vitalista donde confluye un existencial acento evocador y una grave voluntad crítica.
Dividido en cinco secciones, el volumen aborda una temática variada y de humana condición, que en cierta medida unifica su mensaje metafórico: "Este es mi sitio. Aquí. Donde ni ellos/ni los otros, donde ni mío/ni veremos, donde ni siempre/ni mañana", reza su poema inicial, "Tierra de nadie". En ese personalísimo espacio y en ese tiempo "de amaneceres y de anochecer/ de huesos viejos y de sueños vivos", se instala Munárriz para dar rienda suelta a su verso diverso y tan bien domeñado, con el que apuntala de manera cómplice y confesional las páginas de este libro de anhelos y nostalgias.
La niñez navarra ("Llueve en Pamplona, llueve,/sigue lloviendo,/en mi recuerdo el agua/sigue cayendo"), el salto a la juventud -y a la vida-, la memoria de los paisajes más atractivos y llameantes (bellísima dedicatoria a Madrid la de su "Otoño navegable"), el dolor y los estragos de las necias batallas del odio y de la sangre ("Para robar la paz/roban primero la palabra/y la proclaman en la guerra"), los amigos y maestros idos ("Cuántos ya los ausentes/cuántas las tachaduras/ en las agendas…") y el discurrir de la Historia, con sus protagonistas y sus anónimos héroes…, van poblando estos sentidos apuntes que en ocasiones traen el aroma de una utopía elegíaca.
Poemario, pues, de verso ardiente, en donde el compromiso y el respeto a la palabra se aúnan con una sugeridora expresión de introspectiva naturalidad: "Un paso cada día, al menos uno,/por el camino real./Sin desvíos, sin trampas,/sin engaños,/sin perderle la cara/a la verdad./Un paso cada día, un velo menos/rumbo a la claridad", propone. Y es hermoso.
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