EDUARDO GARCÍA ROJAS
- Usted anunció en la Semana Negra de Gijón que cerrará su trilogía berlinesa de entreguerras protagonizada por el detective Nikolai Hoffner en la Guerra Civil española...
- Me di cuenta que era imposible mantener al protagonista en el Berlín de 1936 mientra iba desarrollando la acción del último libro. Necesitaba un lugar cargado de tensión política y social semejante a la que vivía el personaje hasta ese momento en Berlín, y el Berlín de 1936 ya no era el lugar apropiado. En una visita a la Semana Negra de Gijón en 2006 y mientras contemplaba una exposición de cartas escritas durante la Guerra Civil española, supe que sería lógico que Hoffner viniera a España porque era un lugar de gran tensión política y social en aquellos años. Da igual que seas americano, belga o británico, porque este conflicto sirve de inspiración seas de la nacionalidad que seas, y mi personaje es un extranjero en España como lo soy yo, así que pensé que esa sensación también podría ayudarme para mitigar un poco el impacto de Hoffner cuando llega a España.
- Soy consciente que le pongo en un aprieto, ¿pero podría adelantar qué va a pasar con Hoffner en España?
- Es una pregunta con trampa porque como comprenderá no puedo revelar demasiado el contenido del libro pero sí le diré que Hoffner viene a España no solo porque se da cuenta que ya no puede vivir en Berlín sino en busca de su hijo, un director de la UFA en Sombras y Luces y que ahora trabaja como director de noticieros para Pathe Gazette y desaparece en Barcelona justo cuando los militares rebeldes se alzan. Hoffner llega a Barcelona días antes de que se celebren los juegos olímpicos organizados en clave de protesta de los de Berlín ese mismo año, aunque esos juegos nunca se realizaron porque antes de su inauguración se produjo el alzamiento militar. Su hijo desaparece y Hoffner viene a España con el objetivo de encontrarlo en una Barcelona, la del 1 de agosto de 1936, exultante y feliz porque los anarquistas se han hecho con el poder al rechazar a los militares rebeldes. Después viajará de esa ciudad presa de la alegría a Teruel, Tarancón, Toledo y Badajoz donde comprende que esa sensación de felicidad no perdurará porque entiende que es un reflejo de lo que pasó en Alemania aunque a menor escala. Me pregunta por el final de la historia, ¿cómo cree que puede acabar si el protagonista es mitad ruso, alemán y judío? Creo que ya lo sabe, aunque lo importante no es el final sino como se llega a ese final.
- Rosa es el primer volumen de su trilogía, ¿qué le llamó la atención de este periodo para dedicarle tres novelas?
- La figura de Rosa Luxemburgo es una figura histórica extraordinaria. Me he dedicado al estudio de la teoría política en el ámbito académico y observé que su claridad no tiene parangón. Es una revolucionaria que lleva la revolución socialista a Alemania y cuyo cadáver, tras ser asesinada, tardó cuatro meses en aparecer. Berlín en mis novelas no es solo un paisaje sino un elemento más. Un personaje, pero también me atrae ese periodo. A la mitad del primer libro, descubrí que a través de Hoffner y su relación con su familia podía explorar temas más grandes como el declive de Alemania a través del declive de su familia. Mi familia es de origen checo, y muchos murieron en la II Guerra Mundial. Rosa Luxemburgo era judía y yo también lo soy. El periodo de entreguerras es definitivo del siglo XX porque sus temas siguen presentes en la arena política. En cuanto a la guerra, muchos de los ciudadanos de aquella época no sabían lo que iba a ocurrir. En mis novelas el lector lo sabe pero los personajes no, y eso crea una sensación de intimidad entre el lector y yo como escritor. Es decir, que el lector sabe lo que va a suceder pero el personaje no, salvo Hoffner, que ve como su Berlín desaparece. Eso crea una tensión a la hora de escribir y una posibilidad de tratar aspectos como la pérdida que le dan cierto tono épico a la Historia que en mis novelas queda reflejado en la Alemania de entreguerras.
- Curiosamente la trilogía se detiene con el ascenso de los nazis al poder. ¿Teme que este tipo de ideologías pueda resurgir en nuestros días?
- No soy más que un novelista aunque el antisemitismo no surge de la nada, no se despierta en Alemania un día y se decide ser antisemita sino que es un fenómeno que se desarrolla a lo largo del tiempo. En Alemania se basa en el odio racial pero no es el único elemento que justifica el surgimiento del nazismo. Hay que tener en cuenta que antes de la I Guerra Mundial Alemania quedó al margen del reparto de la colonias por lo que se sintió marginada, así que tras la muerte del monarca del Reino Unido Eduardo VII, cuya familia estaba relacionada con la mayor parte de los regentes europeos, permite al káiser Guillermo II preparar un gran ejército alemán con el fin de atacar para no sentirse más al margen del reparto colonial. Todo esto, explicado de manera muy esquemática, provoca la Gran Guerra, que no tiene nada que ver con las anteriores europeas porque no acaba como aquéllas. Además, en el conflicto entran en escena los Estados Unidos y los aliados consiguen una victoria aplastante. Alemania quedó completamente derrotada y tiene que digerir también la culpa y pagar las compensaciones de los daños bélicos así como la frustración de sus muertos; mientras que los que regresaron sólo encuentran un país peor, que ahora tiene que lidiar con la hiperinflación y, pese a todo, consigue acabar con ella lo que genera una reacción de libertad absoluta en el arte, el sexo, la política, de todo tipo, que finaliza con una reacción radicalmente contraria. Y si suma todos estos elementos con el antisemitismo te das cuenta de cómo surgen esas dictaduras: sentimiento de culpa, irritación por los muertos y reacción radical. Eso es lo que hace que aparezca Hitler y que pueda crear ese régimen. No busco una excusa para esta situación en Alemania, pero sí trato de reflejar la situación en aquella época por lo que me pregunto si el resto de Europa no se dio cuenta. ¿Puede repetirse? Ahora mismo lo estamos viviendo: Ruanda y la ex Yugoslavia son fenómenos de limpieza étnica. ¿Qué pasa en China? La capacidad del ser humano para este tipo de atrocidades es infinita, sobre todo en tiempos desesperados que son los que generan las reacciones más crueles. Esa es una de las razones por las que decidí cerrar las novelas de Hoffner en 1936, no tenía estómago para tratar lo que vino después.
- Además de las novelas que componen la trilogía sus otras obras siempre hacen hincapié en aspectos del pasado. El pasado está muy presente en su producción literaria.
- El que no conoce su pasado está condenado a repetirlo. En Estados Unidos tendemos a olvidarlo aunque en Europa se conoce mejor al estudiar lo que aconteció ayer mientras que en Norteamérica conocemos nuestra historia pero no vemos más allá, o al menos no tanto como deberíamos. En el tercer libro de Hoffner, estoy seguro que muchos lectores estadounidenses no sabrán qué fue la Guerra Civil española aunque sí entenderán que el principio de toda violencia es la desesperación. Procedo de una familia de historiadores, forma parte de mi formación, me enseñaron a que la historia es la mayor aventura del ser humano aunque no estoy seguro si eso podría definir mi actitud ante el pasado: de tristeza sí, pero también de respeto. Es imposible pensar que surgimos de la nada porque la vida tiene una vida y eso es lo que ha sucedido. Creo que mi voz es más clara si hablo del pasado, de cosas que han sucedido. Ojalá supiera cómo transmitir las ideas y las cosas que me preocupan, pero no tengo la valentía de hacerlo. Pienso que si hablo de la I Guerra Mundial y la intervención de EEUU quizá se vean semejanzas a lo que hizo la administración Bush en Irak. Creo que lo que hago en mis novelas es tratar de advertir desde el pasado lo que está ocurriendo en el presente.