JUAN PEÑA
Como un elefante en una cacharrería nace el premio de Poesía Mística Miguel Castillejo. Nada de formas acendradas y académicas, nada de evanescencias litúrgicas y sacramentales. Régimen interior, el libro que inaugura este certamen, rompe moldes y nos revela una sorprendente e inusitada voz.
El espíritu es en estas páginas el equivalente a una esotérica álgebra literaria (El abc de la línea oscura (tres wakas telescópicas desde una ermita. Vía unitiva. Descripción externa), es el título de una sección del libro).
La Ciencia, en estos inicios del siglo XXI, se ha convertido, paradójicamente, en una disciplina fascinada por cuanto nos habita de indescifrable y de misterio. La Teoría de Cuerdas, por ejemplo, ha descubierto, por medio de ecuaciones, sin constatación real aún, unas formas gigantescas que danzan en el cosmos. Así, Lara Cantizani crea una realidad a un tiempo invisible y corpórea , una nueva sinergia entre carne y espíritu, una nueva expresión en que confluyen tradiciones y vanguardias. Véase en este sentido el título de uno de sus poemas: El alma se duerme del cuerpo y enamora al paisaje (cual Endimión, el primer bello durmiente).
Régimen interior es un poemario con el que su autor crea la forma y el contenido de un nuevo misticismo, algo así como una personalísima "new age": una mágica conjunción de mitología, carnalidad, espiritualidad, mesa camilla y paganismo:
Sí, la aventura del orden
de una familia ecológica
en el paisaje de su cocina.
También la posmodernidad, esa confluencia de cotidianidad y trascendencia, está aquí, en ese Carrefour, en Abbas Kiarostami y en ese Juan de Tassis, exquisito, transgresor y heterodoxo.
Aflicciones, brasas, iluminaciones, desconciertos trastabillean y se amansan en estas páginas, páginas llenas de paradojas con que las palabras rompen sus límites para abrirse a enigmáticas sugerencias:
"un charco de lágrimas secas", "siempre se riega/ con desiertos de sal", "Salgo de mí", "Para estar perdido y encontrado", "cuerpos inmaculados/ de piedra y que floten".
Acaso no haya leído uno un poema (La memoria de los peces) que, en su brevedad, nos deje una tan sabia lección sobre el olvido:
Perdura
tres
segundos.
Nunca sufren en la pecera
porque olvidan sus límites,
un pasado mínimo de cristal.
Nacidos para ser siempre felices.
Es de destacar esa originalísima refundición de la mitología (ya experimentada en sus anteriores libros, pero sin la ascensión a que aquí llega). Ahí radica, sin duda, uno de los logros más novedosos y valiosos del libro: ese vuelo sagrado, lacerante y feliz, en que se eleva lo pagano:
El museo de Salamita
guarda un desdén de Eros
y su castigo.
Es la estatua de Anaxárate.
Es Anaxárate por dentro
rechazando a Ifis,
unas guirnaldas funestas
-regadas con agonía oceánica-
matando el cuello del alma,
el arte condenado a ser cuerpo,
el cuerpo del alma dura
condenado a ser arte.
No falta el extático temblor místico, ese quedeme y olvideme, esa inconsciencia que es ahora, acabado un siglo, una nueva forma de lujo y decadencia : "confundo la belleza con la muerte", "Me aburre ser feliz".
Y en esa necesidad de pureza y unión de contrarios en que arde todo misticismo regresan (ya aparecían en su anterior libro) las hijas del poeta ( Los peces naranjas y grises de Adriana y Elisa), esas criaturas en que se aúnan inocencia y asombro, ingenuidad y sabiduría.
En su sección última estos versos parecen darnos, definitivamente, la clave de una nueva espiritualidad: con una hipnótica salmodia aprendemos una lección de luz, recogimiento y transparencia: Míralo desde dentro…Míralo desde dentro…Míralo desde dentro.
Al cerrar el libro sabemos de un gozo y un martirio: Régimen interior/ para adelgazar el alma. Para salvarnos basta el dulce y ácido sabor de las cerezas.