XIV FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE ECOLÓGICO

Planeta herido

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Planeta herido
Planeta herido 

BENJAMÍN REYES Y al decimoquinto año resucitó. El otrora mediático Festival Internacional de Cine Ecológico de Puerto de la Cruz renació, entre el 16 y 23 de mayo de 2009, de sus cenizas tras un largo periodo de hibernación. Entre 1982 y 1994 se exhibieron títulos hoy emblemáticos como Ran, de Akira Kurosawa; El honor de los Prizzi, de John Huston; Salvador, de Oliver Stone; El oso, de Jean Jacques Annaud; o Terciopelo azul, de David Lynch. Si antes la mitad de los títulos que se proyectaban no tenían nada que ver con la ecología, ahora, la filosofía del Festival es la de convertirse en foco de discusión y análisis de la relación del ser humano con el medio ambiente a través de varias secciones compuestas íntegramente por películas de índole ecológica.
El cine Chimisay, cerrado desde octubre de 2008, abrió su sala 1 (con capacidad para trescientas personas en su parte inferior) para acoger las proyecciones de las veintinueve películas que integraron la sección oficial del renacido Festival. La entrada gratuita produjo que el público fuera numeroso, pero también itinerante y ocasional.
"Un pueblo sin cine es un pueblo muerto", esta frase enunciada por el cineasta José Antonio Quirós en el transcurso del evento cinematográfico es sintomática de lo que sucede por estos lares, donde los festivales de cine suelen duran dos telediarios: el Festival de Animación de Tenerife de 2002, el Documentaria de 2003, el Animart de Puerto de la Cruz de 2004 son buena prueba de ello). Esperemos que no ocurra lo mismo con esta nueva etapa del Festival Ecológico.
El propio Quirós, con su cinta Cenizas del cielo, no tuvo rival en la exigua sección oficial de largometrajes de ficción y animación, integrada por sólo cuatro títulos (todos españoles), por eso se alzó con el máximo galardón de esta categoría (denominado Brote, escultura concebida por Gonzalo González). Su nueva película guarda paralelismos con su anterior Pídele cuentas al rey (2000). Aquí, el quijote que lucha contra los molinos de viento es un agricultor que lleva treinta años luchando contra una central nuclear en su Asturias natal. Cenizas del cielo, que desprende calidez humana, refleja un tipo de vida que está desapareciendo en pos del inhumano progreso.
A pesar de la crítica inherente al filme, todo el largometraje está impregnado de sentido del humor. Sin embargo, el mayor acierto son los personajes magníficamente perfilados, entre los que destaca el adusto hombre de buen corazón apegado a la tierra, interpretado magistralmente por Celso Bugallo, así como el escocés que ofrece un punto de vista diferente y complementario al de los habitantes del lugar.
En el lado opuesto de calidad cinematográfica se situaron El agua de la vida y Pradolongo. En la primera, dirigida por Chumilla Carbajosa (conocido por Zapping, 1999), el líquido elemento se erige en protagonista de esta insípida cinta; donde los humanos no son más que meros extras a lo largo del paso del tiempo. Idea demasiado dilatada. Por su parte, Pradolongo, más que una película es un capítulo de una teleserie en el que se plantea la dicotomía entre progreso y modernidad, que, al unísono, plasma la actitud de las nuevas generaciones respecto a trabajar en el campo.
Por último, El lince perdido es una propuesta de animación española, a cargo de Manuel Sicilia y Raúl García (ex animador de Disney) que no tiene nada que envidiar a Madagascar. Con un tono infantil y amable está protagonizada por una singular troupe de animales, encabezada por un atolondrado lince, que se las tiene que ver con un millonario excéntrico que se erige en un Noé moderno.
Cine documental
La estadounidense The Great Squeeze (El gran aprieto), se hizo con el Brote de la sección documental. Christophe Fauchere pone en entredicho la maquinaria económica e industrial, que nos lleva al desastre ecológico. El catastrofista documental aporta datos concluyentes como que el 30 % del Ártico desapareció en 2007, que Brasil ha perdido 700.000 kilómetros de su selva o que las especies vertebradas han descendido un tercio desde 1970. Además, establece predicciones nada halagüeñas sobre cómo el progreso imparable de China e India afectará a la economía mundial, así como la desaparición del petróleo y la lucha por el agua (actualmente, mil quinientos millones de personas en el mundo carecen de abastecimiento de agua).
No obstante, la mejor cinta de la categoría fue la finesa Recipes for disaster (Recetas para el desastre), dirigida por John Webster; aparte de por su calidad cinematográfica por su capacidad de hacer copartícipe al espectador de la vida de una familia de clase media finlandesa que decide durante un año controlar sus emisiones de gases invernaderos. La cinta pone en la picota, de forma inteligente, la importancia de la conciencia ecológica desde la infancia y que cambiar los hábitos cotidianos es compatible con mantener el mismo nivel de vida.
Entre la calidad media de los ocho documentales a competición cabe destacar a Saving Luna (Salvando a Luna), a la postre premio del público, un emotivo documental sobre cómo una orca-bebé, en un remoto fiordo canadiense, rompe el muro entre especies, generando todo tipo de reacciones entre los humanos. El filme consigue mantenerte en vilo sobre el funesto destino de Luna. También descolló Taking Root (Hechando raíces), que plasma la infatigable lucha de la activista política Wangari Maathai contra la deforestación en Kenia, que le llevó a liderar el Movimiento Verde, convirtiéndose en la primera mujer africana en conseguir el Premio Nobel de la Paz.

Corto que te quiero corto
El cortometraje chino Living with Shame (Viviendo con vergüenza) resultó ser un sencillo documental convencional que aborda la dura realidad de un pueblo en el que los lugareños se ven obligados a trabajar catorce horas diarias en una fábrica que contamina el medio ambiente y perjudica seriamente su salud. Brote al mejor corto documental. Excesiva recompensa.
Tanto Tabernas como Vietato respirare o La Oroya estuvieron por encima. Tabernas, de Joaquín Gutiérrez Acha, se hizo con el Brote a la mejor producción española gracias a sus imágenes deslumbrantes que plasman la magnificencia de un entorno geológico excepcional ubicado en Almería; mientras que en Vietato respirare (Prohibido respirar) se amontonan toneladas de basura en las calles. No es una estampa tercermundista sino de la opulenta Italia. El filme indaga en las razones de por qué Nápoles, Giugliano y Campania se han convertido en vertedero de otras ciudades transalpinas. Por su parte, La Oroya es un documental de magros recursos que denuncia la situación de uno de los diez lugares más contaminados del mundo, en el que las emisiones de fábricas extranjeras provocan que el 99'99 % de los niños peruanos de La Oroya tenga plomo en la sangre ante la pasividad gubernamental.
Respecto a la sección competitiva de ficción y animación, el trabajo La flor más grande del mundo, de Juan Pablo Etcheverry, logró injustamente el Brote en esta categoría por ser un corto ñoño que adapta el relato homónimo de Saramago, quien pone la voz en off a un personaje creado a su imagen y semejanza. Sin noticias de la fantasía visual de su anterior cortometraje, Minotauromaquia. Ese honor le debería haber correspondido al corto francés Cést pas grave (No pasa nada), en el que ciervos, gorilas, tigres, buitres... ya no son más que piezas de museo. Una fábula de ciencia-ficción que cada vez está más cerca de convertirse en real. Asimismo, la cinta refleja la contradicción entre la expresión más radical de las ideas de algunas personas y las acciones de su vida cotidiana. Escalofriante rótulo final, que tiene todos los visos de ser una realidad inminente: "La mitad de nuestro patrimonio natural sólo sobrevivirá como especímenes de museo en el próximo siglo".
Otros trabajos de interés fueron Pajerama, un interesante corto de animación brasileño que denuncia cómo el progreso está aniquilando el Amozonas (guiño al monolito de 2001: una odisea del espacio, de Kubrick, incluido); el serbio Ko se zadnji smeje... (Quién ríe el último...), prosopopeya que denuncia la tala indiscriminada de árboles y los incendio forestales en clave de dibujos animados; o el canario El extraño, de Víctor Moreno, metáfora de la sociedad contemporánea, que actúa como una manada de borregos. No en balde se alzó recientemente con el primer premio en el VII Notodofilmfest.com
Para próximas ediciones sería conveniente la apertura de las salas 2 y 3 del cine Chimisay, así como desestimar las proyecciones de las muestras paralelas en el ex convento de Santo Domingo. Además, un festival de cine internacional que se precie de serlo no puede exhibir en DVD.

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