MANUEL DÍAZ MARTÍNEZ / POETA

´La poesía, por ser íntima, es más libre´

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´La poesía, por ser íntima, es más libre´
´La poesía, por ser íntima, es más libre´ 

Manuel Díaz Martínez (Santa Clara, Cuba, 1936) fue Primer Secretario y Consejero Cultural de la Embajada de Cuba en Bulgaria e investigador del Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba y redactor-jefe del suplemento cultural Hoy Domingo (del diario habanero Noticias de Hoy) y de La Gaceta de Cuba (de la Unión de Escritores y Artistas). Fue asesor literario de la Imprenta Nacional de Cuba y en la actualidad es codirector de la revista Encuentro de la Cultura Cubana y miembro del consejo editorial de la Revista Hispano-Cubana, ambas editadas en Madrid. Es fundador de la revista Espejo de Paciencia, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Ha publicado catorce libros de poemas, el último de los cuales es Paso a nivel (Madrid, Verbum, 2005). En sus antologías Alcándara (La Habana, UNEAC, 1991), Señales de vida (Madrid, Visor, 1998) y Un caracol en su camino (Cádiz, Aduana Vieja, 2005) recoge gran parte de su obra poética. En 2002 publicó su libro de memorias Sólo un leve rasguño en la solapa (Logroño, AMG-Editor).

EDUARDO GARCÍA ROJAS - ¿Podemos hablar de dos literaturas en Cuba tras el triunfo de la revolución castrista? ¿Una del exilio y otra dentro de la isla?
- No creo que se pueda hablar de dos literaturas cubanas, una de adentro y otra de afuera. Si la revolución no hubiese suprimido la libertad de imprenta, penalizado la discrepancia política e impuesto determinados dogmas estéticos, y los escritores que emigraron hubiesen permanecido en la isla y allí hubiesen hecho su obra en libertad, veríamos básicamente lo mismo que estamos viendo ahora, o sea, una literatura compleja por su diversidad ideológica, temática y formal; pero como en ese hipotético escenario no habría un mar entre unos escritores y otros, no se nos ocurriría hablar de dos literaturas. Diversas interpretaciones conceptuales y vivenciales de una experiencia nacional común no son distintas literaturas, sino una afortunada literatura.
- ¿Cómo afecta a la poesía?
- Bastante menos que a la narrativa, al teatro y al cine. La poesía, por ser más íntima, es más libre, está menos sujeta a tiempo y espacio. La narrativa, el teatro y el cine, y éstos dos últimos en mayor medida, suelen estar más sujetos, por imperativos dramatúrgicos, a elementos relacionados con el sitio y la circunstancia social.
- ¿Cree que hay elementos comunes entre los que viven en la isla y los que forman parte de la diáspora? Si es así, ¿cuáles serían?
- Sí, los raigales, los que conforman lo que antes llamé experiencia nacional común: todos compartimos una historia, una cultura, aunque tengamos diferencias accidentales y distintos proyectos de país.
- ¿Cómo le ha afectado el exilio en su creación literaria?
- Aunque vine a un país de mí propio idioma y cuyas cultura e historia son parte importante de mi formación como cubano, al principio me sentí desubicado y estuve algún tiempo sin crear. La desubicación la sentí con mayor intensidad en lo tocante al lenguaje. Cuando dos países hablan un mismo idioma, un mismo idioma los separa, como ironizó Bernard Shaw refiriéndose a Inglaterra y Estados Unidos. Pero salí pronto del atasco. Por lo demás, mi creación literaria se ha visto favorecida por la libertad de que disfruto en el exilio.
- Vive en Gran Canaria, ¿qué visión tiene de la literatura de las islas?
- Estimo que, en términos generales, lo mejor que ha dado este archipiélago en materia de creación artística está en el campo de la pintura, aunque tiene la gloria de contar con el inmenso Galdós. Hay poetas canarios que me interesan especialmente, como Luis Feria, Andrés Sánchez Robayna y Eugenio Padorno. Leo con placer a algunos de los más jóvenes, entre los cuales se destacan Pedro Flores y Tina Suárez Rojas.
- ¿Hay temas que de alguna manera caractericen a los escritores y poetas nacidos en islas? ¿Hasta que punto afecta la insularidad a estos creadores?
- En la literatura cubana, que es la que conozco mejor, no existe ese determinismo insular por el que usted pregunta, y aunque el poema más importante de Virgilio Piñera, La isla en peso, comience diciendo "la maldita circunstancia del agua por todas partes" y lo insular sea el tema del célebre diálogo entre Juan Ramón Jiménez y Lezama Lima, en nuestra literatura la insularidad no ha sido una obsesión. Hoy sí lo es para los cubanos en general, pero no por culpa de la isla sino del régimen que los aísla. En la era de Internet, lo que se ha convertido en ciencia-ficción es la insularidad.
- Usted es autor de una antología de poetas cubanos del siglo XX. ¿Por qué están los que aparecen en este libro y no otros?, ¿cómo definiría el trabajo de los autores seleccionados?
- Usted alude a mi antología Poemas cubanos del siglo XX, editada por Hiperión en el 2002. Es una selección para la cual, como su título indica, tomé en cuenta poemas, no autores. Se trata de un homenaje mío a la poesía cubana de ese siglo, e incluí los poemas que me gustan más, los que prefiero como lector, fuesen de quien fuesen. No todos los autores de esos textos figuran en la cartelera de los notables. Los hay muy jóvenes y poco conocidos. El siglo XX es el período más fecundo y fascinante de la poesía cubana.
- ¿Cuál es su visión de la literatura cubana de nuestros días? ¿Cree que hay cierta apertura en cuanto a temas se refiere?, ¿mayor crítica con la realidad que impone el régimen?
- No tengo una visión de conjunto de la literatura cubana última, pero he percibido en la que se escribe en la isla la aparición de temas que hasta no hace mucho eran tabú, tachados oficialmente de decadentes y contrarios a la "moral socialista", como, por ejemplo, el sexo en general y el homoerótico en particular. También he percibido que se ha ensanchado un poco el espacio de la crítica. Refiriéndome a los límites de la crítica permitida a los intelectuales en Cuba, he dicho en otra parte que parece que recientemente les han ampliado en unos metros el patio de la prisión. Como popularmente se dice en Cuba, allí se permite de vez en cuando jugar con la cadena, pero jamás con el mono.
- Usted fue un hombre de la revolución, ¿cuándo se produce su divorcio con ella?, ¿qué desencadenó que se apartara de este camino?
- Fui un hombre de la revolución hasta que comprendí que la revolución había dejado de ser mía, y ese momento lo determinaron dos hechos horribles: el proceso estalinista e inmediato fusilamiento, en 1989, del general Ochoa y otros mandos militares acusados de traficar con droga, supuestamente sin que el gobierno lo supiera -algo inconcebible en un país tan vigilado-, y el intento de linchamiento, en 1991, de la poetisa disidente María Elena Cruz Varela, que además fue encarcelada. Durante años, otros hechos me fueron desencantando, pero los que le dieron el tiro de gracia a mi compromiso con la revolución fueron éstos. Rompí con el régimen firmando la Carta de los diez. Yo vivía en Cuba y, entre otros castigos, me dejaron sin trabajo.
- Es autor de un libro de recuerdos, Sólo un leve rasguño en la solapa, ¿lo escribió como ajuste de cuentas con su pasado?
- Dice una melancólica canción, de moda en Cuba cuando me casé, que recordar es volver a vivir. Escribí ese libro no tanto para recordar como para repensar mi ya larga vida. No lo escribí con el propósito de ajustar cuentas, sino con el de desvelar parte de la intrahistoria de la realidad cubana que me ha tocado vivir. Lo hice con la esperanza de que mis vivencias sean útiles a quienes lo lean. Ya he comenzado otro con los recuerdos que dejé en el tintero.
- En estos tiempos de crisis económica global, ¿es necesaria la poesía?
- Más que nunca. La poesía ayuda a sobrellevar la realidad. Mejor que las religiones, que suelen complicarla.
- También es autor de una edición comentada de las Rimas de Bécquer, ¿qué le atrae de este poeta?, ¿qué descubrió cuándo acometió este trabajo?
- Comencé a escribir poemas, siendo un adolescente, bajo el influjo de Bécquer. Lo primero que me atrajo de él es que en su verso la hondura no impide la transparencia. Luego, cuando lo estudié, supe que con sus Rimas fue uno de los iniciadores de la poesía moderna en español. Esto es lo que intento explicar en el prólogo que escribí para la edición comentada de las Rimas a que usted se refiere, publicada por la editora Akal hace dieciséis años.

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