FRANCISCO ESTUPIÑÁN BETHENCOURT (*)
Las páginas culturales en la prensa y las revistas de arte y literatura siempre han tenido un importante lugar entre las publicaciones realizadas en Canarias, y específicamente en Tenerife, durante todo el pasado siglo XX. Sólo ha habido un período en el que estas manifestaciones impresas han tenido una presencia pública nula o casi nula, cual fue la etapa comprendida entre el inicio de la Guerra Civil española y principios de los años 50.
En el caso concreto de Tenerife, nos encontramos con que, desde los primeros años de la pasada centuria, la actividad editorial y periodística de contenido artístico y literario era profusa. Así, podemos citar las revistas Castalia (1916), Hespérides (1926), La Rosa de los Vientos (1927) Páginas, Islas y un único número de Cartones (1930), cinco iniciativas que representan mucho para una sociedad como la insular de aquel momento, esto es, con un par de cientos de miles de habitantes, entre los que no faltaba, desgraciadamente, un nutrido grupo de población analfabeta.
Precisamente, de la mano de uno de los fundadores de La Rosa de los Vientos, el por aquel entonces jovencísimo Juan Manuel Trujillo, se anima la prensa tinerfeña en lo que respecta a la publicación de páginas culturales, incluyendo entre sus secciones Página de la Joven Literatura en La Prensa dirigida por Leoncio Rodríguez (octubre de 1928) y, con más regularidad, La nueva literatura publicada en La Tarde a partir de 19291.
Pocos años después, en 1932, emprende su andadura la revista Gaceta de Arte, que se edita ininterrumpidamente hasta 1936. Como se puede apreciar por la última fecha, la contienda civil trunca la que ha sido considerada la experiencia editorial más fructífera de la historia de Canarias en el ámbito de las artes y la literatura, ya que esta publicación y el grupo que la hacía posible (Domingo Pérez Minik, Eduardo Westerdahl, Pedro García Cabrera, Agustín Espinosa, José Arocena, Emeterio Gutiérrez Albelo y otros no menos importantes) fueron los introductores del surrealismo en España, como es sabido y ha sido ampliamente estudiado.
Pero, con el pronunciamiento del 18 de Julio de 1936, esta época de esplendor de las publicaciones de contenido cultural, lo fueran como revistas o como páginas de la prensa diaria, llega a su fin. Los años de contienda no dejaban hueco, lógicamente, a propósitos culturales ajenos al conflicto bélico y, tras la derrota republicana, ni las condiciones económicas ni las ideológicas permitieron en los primeros años de la posguerra tales propósitos.
Son múltiples los factores que condicionan esta etapa estéril: la II Guerra Mundial (1939-1945) mantuvo cercado un hipotético desarrollo económico de la España arruinada en su conflicto fratricida y la depuración realizada por el franquismo entre las filas republicanas mermó o silenció a la intelectualidad, mayormente comprometida con aquel régimen político.
Además, la Ley de Prensa e Imprenta de 22 de abril de 1938, inspirada por Serrano Súñer, se encargó de hacer el resto: se depuró a los periodistas, se practicó la censura previa de todas las publicaciones y se establecieron unos medios de comunicación que estaban al único servicio de la dictadura del general Franco. Hasta tal punto fue así que los directores de los distintos medios informativos eran nombrados por el órgano gubernamental correspondiente. De este modo, toda labor de producción intelectual que no estuviera al servicio de los valores políticos y culturales del franquismo se hacía imposible.
En estas condiciones, la prensa diaria de aquellos años de postguerra se reducía en Tenerife a El Día, periódico matutino resultante de la fusión, en 1939, del republicano La Prensa y el falangista Amanecer2, que llevó en su portada el yugo y las flechas y la leyenda "Órgano del Movimiento Nacional-Sindicalista en Tenerife" hasta 1955, año en que cambió la expresión "Órgano" por "Diario" hasta 1966, en que recupera su independencia; y el vespertino La Tarde, fundado en 1927 y dirigido hasta el inicio del decenio de los 70 por Víctor Zurita Soler. La Hoja del Lunes completaba este escueto paisaje en lo que a publicaciones de información general atañe, panorama de tecnología rudimentaria en los que la actualidad era despachada diariamente por exactamente ocho páginas tanto en El Día como en La Tarde hasta los años 60.
En el decenio de los 50, no obstante, la guerra caliente había dejado paso a la guerra fría y para los regímenes democráticos el enemigo ya no era el fascismo, sino el comunismo. Por esta razón, España comienza a emerger del ostracismo internacional, a la par que muchos de los encarcelados o represaliados por el régimen dictatorial recuperaban una libertad vigilada. En cierto sentido, pues, la vida cotidiana de España comenzaba a recobrar tímidamente una normalidad perdida desde el inicio de la guerra. Así lo entienden algunos de los impulsores de la ya referida Gaceta de Arte, que vuelven a sentir la tentación de buscar un nuevo medio de expresión con el que hacer partícipe a la sociedad tinerfeña de sus inquietudes culturales.
Así, es La Tarde la pionera en abrir hueco entre sus páginas a estos contenidos. Fue el jueves 28 de octubre de 1954, día en el que aparece el número 1 de Gaceta Semanal de las Artes. Se publica en la página 6 con una cabecera propia y diferenciada de las otras páginas del vespertino. Su impulsor principal fue Domingo Pérez Minik3, como corrobora Domingo de Laguna, con el que colaboraron Pedro García Cabrera y Eduardo Westerdahl, entre otros. Para ello, claro está, contaron con la total disposición del director del periódico, Víctor Zurita Soler.
Desde su primer número, la Gaceta Semanal de las Artes muestra su intención de separarse en lo posible de las directrices políticas del régimen, como así se refleja en su editorial de presentación: "Una tarea que en nuestras páginas tuvo un día su asiento, reflejando las inquietudes artísticas del mundo, se continúan hoy en la misma línea. El contacto con la creación actual que se abre paso con su bandera de sinceridad máxima, y que creemos prenda de una continuidad artística para el enlace armonioso con el futuro, resulta, en la visión que sostenemos frente a lo que pudiera parecer estatificado, una necesidad y un deber hacia los cuales acudimos sin prejuicio alguno".
Según esto, el periódico quiere continuar una labor cultural que realizó durante los años anteriores a la Guerra Civil y desde una visión que se enfrenta a la "estatificada" del régimen franquista, lo que nos habla claramente de la posición que en esta página se sustenta.
De este modo, Gaceta Semanal de las Artes reúne en su entorno a lo más granado de la intelectualidad tinerfeña y canaria de aquellos años, independientemente de la generación a la que pertenecieran o su tendencia artística, aunque sí existía una condición tácita, según nos han testimoniado dos activos colaboradores, el pintor Pedro González y el escritor Isaac de Vega4: se evitaban cuidadosamente autores afectos al franquismo o que no tuvieran un marcado talante liberal.
Ambos colaboradores también nos informaron de que se eluden los contenidos políticos expresos para evitarle problemas al periódico y porque muchos de los participantes, como el ya citado García Cabrera, habían sido represaliados tras la guerra y eran estrechamente vigilados. De modo general, podemos decir que sus contenidos alternan la crítica artística y literaria con la publicación de narraciones y poemas.
Pero su labor de difusión de la literatura y el arte opositor a la dictadura fue constante e intenso: los trabajos dedicados a Alfonso Sastre, Buero Vallejo, la novela y la poesía social... demuestran su actuación inconformista con el régimen dictatorial. No obstante, hasta su desaparición, en 1968, la página cultural de La Tarde no tuvo problemas especiales con la censura, lo que se explica, según Pedro González, por las limitaciones que los partícipes se autoimponían y porque "daba la impresión de que las autoridades estaban convencidas de que nada tenían que temer de los círculos intelectuales, al contrario de lo que sucedía en los ámbitos obreros".
La desaparición de Gaceta Semanal de las Artes se explica porque muchos de sus colaboradores empezaron a publicar sus trabajos en El Día desde 1966, aunque ésta se sigue publicando dos años más porque esa es la fecha en que Juan Cruz Ruiz, el último coordinador del suplemento, se incorpora a la redacción del matutino.
Concluida así la larga etapa de la que fue la primera página cultural de la prensa tinerfeña tras la contienda civil, El Día toma el relevo con dos iniciativas diferentes.
En primer lugar, aparece Los 'otros' canarios. Esta es una sección que nace en septiembre de 1968 y que, poco después, el 2 de noviembre del mismo año, se reconvierte en Letras Canarias, publicándose cada sábado. Su autoría se debe al redactor jefe del diario Elfidio Alonso Quintero. Sus contenidos están dedicados en exclusiva, como su propio nombre nos indica, a divulgar la labor de diversos autores isleños de diferentes épocas.
Una idea de sus contenidos opositores al franquismo nos la da que los primeros trabajos estuvieran dedicados a la figura y la obra de Nicolás Estévanez y Murphy, militar republicano federal que fuera ministro durante la I República española. Una de sus características más destacadas y comentadas por Alonso Quintero eran sus ideas y sentimientos regionalistas, ideas que se contraponían al concepto centralista del régimen del general Franco.
Poco después, aparece Tagoror Literario, codirigida por el mencionado Juan Cruz Ruiz y Julián Ayala Armas, ambos pertenecientes también a la plantilla del periódico. El primer número está fechado el 1 de octubre de 1968 y aparece cada domingo. Sus contenidos eran similares a los de Gaceta Semanal de las Artes: una revista de arte y literatura con muchos de los colaboradores de su antecesora, especialmente los más jóvenes, como Fernando González Delgado, Luis Alemany, Arturo Maccanti, Juan Manuel García Ramos, entre muchos otros.
Según nos ha testimoniado Julián Ayala, en el Tagoror Literario subyacía la intención de divulgar el arte y la literatura más vanguardista que se hacía en Canarias en aquellos años, buscando sus colaboradores también entre aquellos que se definían como progresistas y, por lo tanto, se hallaban en la oposición al régimen. Por el contrario, se evitaba que personas afectas al franquismo encontraran hueco entre sus páginas.
La labor de ambas páginas culturales desde El Día se prolongó durante algunos años hasta el punto de que Elfidio Alonso afirma el 4 de diciembre de 1971, en su columna de opinión Con deje y geito, que este periódico es el único de Canarias que, desde hacía cuatro años, mantenía este tipo de páginas dedicadas al arte y la literatura.
No obstante, entre 1972 y 1973 la publicación de las dos secciones culturales comienza a hacerse cada vez más irregular hasta su desaparición. No obstante, en 1975 reaparecen en las páginas dominicales del periódico, que en septiembre de ese año, apenas dos meses antes de la muerte de Francisco Franco, cambió formato y diseño.
Pero, ¿por qué decae la publicación de páginas culturales en los medios de comunicación escritos en Tenerife en el decenio de los 70? En modo alguno se puede explicar esto por la falta de actividad cultural, pues en estos años se produce el denominado boom de la literatura canaria, en la que muchos de aquellos autores que colaboraban en la prensa publican sus primeras obras.
Una de las posibles respuestas la encontramos en que la actuación política opositora encuentra a finales de los 60, una vez abolida la censura previa, una nueva vía, mucho más diáfana y contundente, en el artículo de opinión, género que alcanza su cénit en el inicio de los años 70, esto es, en la recta final de la dictadura. Pero fue la cultura, el periodismo cultural, el primer bastión periodístico contra la dictadura en Tenerife, el primer espacio de libertad.
(*) FRANCISCO ESTUPIÑÁN BETHENCOURT
es escritor y periodista.
1 Sánchez Rivero, Ángel: Gaceta de Arte. Editado por la Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias. Madrid, 1993. Página 23 y ss.
2 Galán Gamero, Javier: Historia rápida de la prensa en Santa Cruz de Tenerife. Tauro Producciones. Madrid, 1995. Página 93 y ss.
3 Laguna, Domingo de: Personas en la vida de Canarias. Edición del autor. 2ª edición. Santa Cruz de Tenerife, 1990. Página 328.
4 Entrevistas realizadas por el autor a Pedro González e Isaac de Vega en enero de 1998.