Teatro XXI

VIAJANDO AL LADO DE SARAH KANE.DIARIO DE ÉBOLI DE MER* (I)

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VIAJANDO AL LADO DE SARAH KANE.DIARIO DE ÉBOLI DE MER* (I)
VIAJANDO AL LADO DE SARAH KANE.DIARIO DE ÉBOLI DE MER* (I) 

Este año se cumplen 10 años de la muerte de Sarah Kane, una de las autoras más importantes del teatro británico y figura clave del llamado in-yer-face theatre. El 20 de febrero de 1999 pondría fin a su vida en Londres, tenía sólo veintiocho años. A modo de homenaje publicaremos una serie de artículos de la filóloga y especialista de Kane, Éboli de Mer, un diario personal de impresiones sobre esta autora.

Lo que voy a narrar a continuación tiene su raíz en la envidia parásita, sepultada en las calles de Londres, cercanas a la parada de metro de Gloucester, y aunque es la mala yerba del camino que tuve que recorrer, al final hay una flor de gratitud hacia Sarah Kane.
Mi inclinación a Kane creció desde mis temores y experiencias como mujer, que sintió dolor y desanclaje en las calles de Londres, en los pisos de olvidados vecinos del West London, en la seducción de los lugares que hoy ya no deseo recordar.
Vulnerable ante una violencia que no pude ni entender, ni controlar, simplemente pude, y ya es bastante, sufrirla y resistir.
Pues bien, heme aquí desprendida de todo cuanto parece necesario, siguiendo la senda que piso desde que viví en Londres: "la del despojo". Allí me despojaron de todo lo que una chica puede tener a los 21 años, para arrojarme después, como una colilla, en aquel pueblo de Beaconfield. Aquella desgracia se convertiría en grandeza al comprender, años más tarde, que tal despojamiento material, físico y síquico me iba a servir para sacar a la luz un "yo" profundo -el que hoy me sustenta- un "yo" que sólo tiene el papel y la pluma como única posesión.
Tras aquel despojo no volví a Inglaterra. Frente a lo mucho que se me vino encima, al regresar a España con tan sólo 21 años, desnuda de alma y cuerpo, sólo al silencio tuve como aliado. Víctima entre millones de víctimas... al menos junto a mí siempre tuve la pluma, la mano que escribe, el papel y la esperanza.
Necesité mil días de oración y más de una década para que el silencio dejara de ser tan evidente. Entonces apareció Sarah Kane con sus obras. Arrancada por ella, volví a Londres. Lo hice para asistir a un simposio sobre ella. Así, retomé contacto con la Inglaterra que fue verdugo para una parte de mi vida. De nuevo en Londres, las coincidencias se produjeron como una forma de sellar caminos, ya que me alojé en un hotel cerca de la fatídica parada del metro Gloucester. Claro que, nada más pisar el suelo inglés, vislumbré el esperado rescate que Kane me estaba brindando.
Estuve todo ese sábado, 11 de noviembre de 2006, en el Barbican Centre de Londres, en la City. Allí se celebró este simposio. De esta forma presencié los coloquios que el famoso escritor de teatro Mark Ravenhill, muy amigo de Sarah, había organizado. Diane Kent, Suzan Sylvester y David Toole, actores que habían representado sus obras cuando ella vivía, participaron también en el coloquio. Junto a ellos, pero en otro momento de la tarde, los académicos Don Rebellato, Dr. Graham Saunders y Aleks Sierz mostraron lo que conocían del teatro de Kane. Sin embargo, fue Mel Kenyan, su amiga y agente literaria, quien reflejó el lado más humano y artístico de Sarah. En este entorno de saber y buena organización, el toque de humor inglés lo pusieron las zapatillas de esparto que Mark Ravenhill llevaba puestas (sin calcetines) en esta tarde de noviembre. Sin pretenderlo, sus zapatillas nos ubicaron en el Londres de Francis Bacon -en el de la amoralidad- al menos en mis emociones del momento.
Luego vimos Skin, el único guión escrito por Kane para la televisión. En Skin se suaviza la agresividad de los skin heads. Hay algo de justificación hacia ellos en su relación contraria a los africanos (término ya sólo por el color de piel) pues los africanos nacidos en Europa también están perdiendo interés por la especie humana.
Al final de la tarde vimos "Blasted", su primera y exitosa obra. La vimos en alemán. El director, Thomas Ostermeier y los actores son alemanes. La traducción la había realizado Nils Tabert, otro intelectual alemán.
Tras tantos años sin pisar suelo inglés, todas mis emociones se volvieron a hacer una bomba de racimo en mi lengua. No pude hablar, ni acercarme a casi nadie. Un canto muy rodado me amordazaba la garganta, me golpeaba la mente. Pero pese a esto, estaba contenta, había conseguido ver por vez primera y en Londres, la polémica obra que la lanzó a la fama.
La puesta en escena de Thomas Ostermeier fue muy estilizada, tanto que incluso la crudeza original de texto de Kane perdió violencia. Pero al pulir "Blasted" como él lo hizo, nada se omitió, nada quedó sin decirse, en el aire. Todo se volvió de nuevo a encarnar en el escenario de forma magistral.
Thomas Ostermeier desde luego me impactó, no sólo por la dirección de la obra, sino por su intervención en el coloquio con todos los que conocieron a Kane. Ostermeier, un alemán como los que Adolf Hitler quería lanzar al mundo: alto, rubio, joven, atractivo, inteligente, con la excepción de su mirada, de sus palabras, de su pose en el coloquio... Ostermeier parecía un reclamo para la nueva Alemania, quería alzar el reconocimiento de la nueva Alemania hacia "la sangre limpia" como la suya, como la de otros muchos alemanes, tras más de tres generaciones del Holocausto Judío. Sus manos no eran las que Paul Sartre tanto enfatizó "como sucias" en los alemanes, las manos de Thomas Ostermeier parecían levantarse y decir:

"AL FIN SANGRE LIMPIA"

Y así fue la dirección, la puesta en escena de "Blasted" como una "sangre limpia para Kane".

*Éboli de Mer es licenciada en filología inglesa por la Universidad de Valladolid. Tiene varias publicaciones de poesía y prosa. Es traductora de la poetisa inglesa Ruth Fainlight. Actualmente está realizando su tesis doctoral en la Universidad Autónoma de Madrid sobre Sarah Kane con el título: Víctimas, verdugos y libertadores en la obra de Sarah Kane.

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