EDUARDO GARCÍA ROJAS
- Usted tuvo que marcharse de Argentina en los años 70 al ser amenazado de muerte por la triple A. ¿Hasta qué punto ha condicionado este exilio forzoso su producción literaria?
- Las circunstancias del exilio han sido objeto de varios de mis libros. Tanto del argentino como del español que creo que son complementarios ya que mucha gente, como es mi caso, viene de una familia española que se estableció en Argentina. Por otro lado, yo llamo a mi etapa de exilado, que comenzó en octubre de 1974, la beca de López Vega y más tarde la beca Videla porque gracias a ellos uno hizo un montón de cosas que quedándome en el país no hubiera hecho en la vida. No nos financiaron nada pero nos obligaron a vernos de otra manera. Y mal que les pese, nos vino bien. Es muy difícil que hubiera estudiado Historia Medieval en Argentina porque me parecía ridículo, pero sí que la estudié en Barcelona y lo agradezco muchísimo porque el conocimiento en profundidad de esa etapa de la historia organiza y estructura la del resto.
- Su obra gira en torno a Argentina y España. De hecho es autor del ensayo El enigma argentino (descifrado para españoles).
- Creo que hay una profunda incomprensión entre los dos países hasta el punto de que se ignoran las relaciones reales que han mantenido a lo largo de quinientos años. España nunca dejó de ser metrópolis en Argentina. En 1912 la electricidad argentina era de Cambó, no era del imperialismo yanqui. España seguía siendo metrópoli en la terminología colonial y eso es ignorado en Argentina y en España.
- ¿No cree que quizá se deba a que desde España se tiene una visión de Argentina como el país menos español de toda Sudamérica?
- A mí me parece un milagro que en Argentina se hable castellano. Por naturalidad histórica debería hablarse italiano, cuya inmigración fue mayoritaria. Si te paras a escuchar con atención a un argentino escuchas de hecho el italiano detrás del acento. También se refleja en su gesticulación.
- Es autor de la biografía Perón, tal vez la historia. ¿Qué lugar cree que ocupa este personaje en la historia de Argentina?
- Creo que es el segundo personaje en importancia. El más importante en el XIX es Sarmiento, el organizador teórico del país, probablemente en competencia con el general Roca. Luego hay otro proyecto nacional que es Perón, el único que pensó en el siglo XX en Argentina como país en su conjunto. Y esto hay que reconocerlo aunque no sea peronista, claro que probablemente los peronistas sean los que menos entienden esto, no han asumido nunca el peronismo como proyecto nacional.
- Sigue manteniendo que todos los argentinos son peronistas.
- Lo sigo manteniendo. Es más, pienso que el peronismo se ha extendido. Hay muchos peronistas que no se llaman como tales fuera de Argentina, sobre todo entre la izquierda populista, donde es notorio que encarna los valores del peronismo que, por otro lado, también se encuentra en el zapaterismo.
- ¿Le costó trabajo escribir un libro sobre este personaje, Juan Domingo Perón?
- No me costó porque se trata de un trabajo de vida. Llegó el momento en que en mi biblioteca tenía material suficiente y mi cabeza, por acumulación geológica, comenzó a soñar con Perón. El resultado es que a medida que escribía el libro comencé a apreciarlo más a él y menos, si cabe, a los peronistas.
- Pero no deja de llamarme la atención que el peronismo conciliara en un mismo movimiento a las izquierdas y derechas.
- Yo no creo que sea imposible. Eso depende de la concepción que uno tenga de la derecha y de la izquierda. Todo movimiento, y el peronismo fue un movimiento no un partido, es por definición policlasista con su vertiente de izquierda y derecha, lo que pasa es que nos hemos acostumbrado a una clasificación equívoca. Cuando lees La conquista del Estado de Ramiro Ledesma Ramos descubres textos donde afirma que nuestros líderes fascistas son Franco, Mussolini y Stalin. Es decir, que en los años 30 la definición de derechas e izquierdas no era tan clara. De hecho, la Falange Española se proponía como movimiento e incluía a la derecha y a la izquierda. El problema es que le faltó un liderazgo más fuerte. José Antonio Primo de Rivera es un personaje simpático pero de ninguna manera estaba en condiciones de ser un líder masas como Perón.
- ¿Quiere decir que los movimientos fascistas tienen algo de izquierdistas?
- Por algo el noventa por ciento de los dirigentes fascistas proceden del socialismo y del comunismo. Son la izquierda puesta al servicio de la organización del capitalismo.
- Todos estos argumentos los refleja en su ensayo La izquierda reaccionaria. ¿Lo escribió como un ajuste de cuentas con su pasado?
- No, en todo caso fue un ajuste de cuentas con la izquierda y sobre todo un ajuste de cuentas hacia la gente de la izquierda para que haga ese ajuste de cuentas con su realidad. El problema de la izquierda es que no aguanta la crítica y mucho menos la autocrítica, que es lo que hago yo en este libro, revelar la ligazón entre el fascismo y la izquierda; ligazón que se repite a lo largo la historia. Donde Mussolini dice dentro del Estado todo y fuera del Estado nada, Fidel Castro responde dentro de la Revolución todo y fuera de la Revolución nada. Los dos opinan lo mismo: no hay salvación fuera de la iglesia.
- Este libro le causó algunos problemas?
- Salvo la pérdida de algunos amigos, no.
- ¿Cómo se define ideológicamente?
- Pues como un liberal radical próximo al anarquismo.
- ¿Cómo casa estos conceptos?
- Casan absolutamente. En todo caso no hay que confundir liberalismo con lo que los liberales dicen que es. Es decir, no creer que Rodrigo Rato sea liberal porque un liberal nunca presidiría el Fondo Monetario ya que rechaza el Estado y las estructuras supraestatales. Me identifico con lo que en los Estados Unidos se llaman libertarios: cuanto menos Estado mejor. Cuanto menos fiscalizados mejor.
- ¿Cree que la sociedad está preparada para eso?
- En este sentido tenemos el mismo problema que han tenido tradicionalmente los anarquistas: si quitamos el Estado necesitamos al hombre nuevo que no está en ninguna parte. Pienso que por eso, curiosamente, se están adhiriendo a esta idea del liberalismo muchos católicos, judíos y protestantes de fe que creen en la superación moral del individuo como complemento necesario de una sociedad con mayor número de libertades. Es decir, delegan en la responsabilidad individual muchas cosas que hoy controla el Estado.
- Lo de hombre nuevo me suena a Ernesto Guevara.
- Y a Martí, quien decía que el hombre nuevo es el hombre viejo. Martí no situaba el hombre nuevo en el porvenir sino en el pasado. Hubo alguna vez un hombre ideal al que hay que recuperar: el hombre moral. Sé que es una idea muy rousseauniana por parte de Martí, pero yo no creo ni en el buen salvaje ni el gran pasado moral de la humanidad ni que mejoraremos demasiado en el futuro. Aunque hay cosas que se pueden controlar. Controlar socialmente en la medida en que los individuos se hagan cargo de sus cosas. No es una tarea fácil.
- Hablemos de alguna de sus novelas, como El soldado de porcelana.
- Su protagonista, el general republicano Gustavo Durán que fue asesor de Perón, es un hombre con el que me identifico en muchos órdenes salvo en el sexual. Fue gay en unos tiempos donde era muy duro ser gay, pero sí que fue un hombre moral que entendía profundamente estas cuestiones históricas a las que hacía referencia. Escribe a uno de sus hermanos que lo que teme si la II República gana la Guerra Civil española es que al día siguiente tengan que liquidar a los anarquistas. No es una idea descabellada, si pensamos en gente como Líster.
- En La capital del olvido se vale de los mecanismos de la novela policíaca.
- Para contar el tráfico de niños en la época de la dictadura. Me atrae de la novela policíaca todo porque soy un gran lector de estas novelas, y en contra de la opinión generalizada de que se trata de un género menor, yo creo que es central del siglo XX. En mi existencia literaria El largo adiós de Raymond Chandler ha sido tan influyente como La cartuja de Parma o La educación sentimental en mi formación como narrador. Es el género que mejor refleja el siglo XX y no sé si el XXI.
- ¿No le parece extraño, sin embargo, que la nueva novela policíaca el protagonista sea un policía dejando de lado al detective o a los que están al otro lado de la ley?
- Hay un fenómeno curioso en el que Manuel Vázquez Montalbán hace una deriva de Chandler y su Marlowe con Carvalho. Sus imitadores, los imitadores de Montalbán, y me refiero a los Camilleri, transforman este personaje en un policía más o menos marginal pero policía. Y a mi me parece peligroso porque el héroe de la novela negra tiene que ser independiente. Ni a Hammet ni a Chandler se le hubiera ocurrido poner a un policía como protagonista porque forma parte claramente del enemigo.
- También escribió La Golem.
- Es un cuento largo y tiene que ver con mi interés biológico por el judaísmo. Lo que me fascina del judaísmo es la relación directa que mantiene con Dios. Es una religión sin intermediarios y eso me parece fascinante, y está presente en toda la literatura, como la yiddish. La persona habla con Dios, como el popularísimo violinista en el tejado, que mira continuamente arriba y piensa ¿por qué me haces esto?
- Su La Golem no tiene nada que ver con El Golem de Meyrinck.
- Es un mito esencial del romanticismo: la posibilidad de crear un hombre desde la humanidad. En mi caso no se trata de un hombre sino de una mujer que se duplica.
- Una nueva Lilith.
- Probablemente porque siempre es la otra. Nunca puede ser Eva, que es la legítima.
- Dicen que España y Alemania son dos de los países con mayor índice de judeofobia?
- España es un país que funda su unidad en el catolicismo y esa unidad fundacional parte de la expulsión de judíos y musulmanes, lo que ha quedado en el cieno ideológico y provoca un rechazo hasta nuestros días porque "fueron los enemigos allá en el siglo XV". Y eso no se ha podido borrar. Además, en el caso del judaísmo hay un fenómeno que viene de la Edad Media donde se produce una discordancia entre el papado, que siempre tuvo una actitud proteccionista con los judíos, y el bajo clero, radicalmente contrario y que fue el que alimento el mito anti judío, como el del Santo Niño de la Guardia. En el caso alemán hay una historia concreta con la fundación de Alemania como nación, con la lengua alemana, y como tal creación de Lutero en su Vulgata de La Biblia, donde la expectativa es que los judíos se conviertan porque ésta iba a ser la Iglesia de verdad que Roma fue incapaz de hacer. El problema es que los judíos no se convierten y eso provoca el rechazo. Cuatro o cinco años después de La Vulgata, Lutero edita un opúsculo contra los judíos. Con esto explico que es fundacional de la nación alemana y no afloja. Bismarck pidió la expulsión de los judíos de la vida académica, de la elite. Forma parte ideológicamente de la cuestión alemana por mucho que los alemanes se rasguen las vestiduras.
- ¿Qué opinión le merece la imagen de Israel que dan los medios de comunicación españoles?
- Que es una información sesgada, antisraelí y judeófoba. El estado de Israel es una circunstancia, por algo viven en Israel bastante menos de la mitad de los judíos que viven en el mundo. ¿Por qué creo que hay que defender el estado de Israel? Pues como creo en la defensa de cualquier estado, como Serbia, por ejemplo. Creo en el derecho de existir y defenderse de cualquier pueblo organizado. En el caso de Israel hay una cuestión complementaria, si desapareciera permitiría el progrom planetario. Se desarrollaría ese fondo ideológico antisemita que hoy se concentra todo en atacar al estado de Israel. Es la forma de atacar a los judíos. Si Israel no existiera, se atacaría directamente a los judíos y empezaría por todo el mundo largas noches de los cristales rotos.
- Pero ¿y los palestinos?
- El drama del estado palestino es que tarda en crearse así mismo. Nunca fue intención de Arafat crear un estado palestino. No sé si ésa es la intención de Abbas, y no sé si es del interés de la liga árabe, que es la que no acepta en 1948 la partición y ahora funciona como complemento necesario de la política de la OPEP, de enorme poder económico. Es curioso que estando este momento el planeta sometido a las decisiones de los países árabes organizados en la OPEP, siga funcionando el mito del judío rico que define el destino de los demás y que nadie traslade esa mirada a Arabia Saudí, porque realmente dependemos de Arabia Saudí.