EDUARDO GARCÍA ROJAS
- ¿Cuál ha sido su criterio de selección de las obras que componen la exposición El bodegón español en el Prado?
- Primero que fuera pintura española de bodegones y después plantear su evolución desde el comienzo del siglo XVII a mediados del XIX, dos siglos y medio. También que en ella hubiera una representación de los mejores maestros que tenemos. Esta exposición reúne un total de sesenta piezas, contando con el espacio que teníamos, por lo que quería también obras que procediesen de todos los orígenes del Museo del Prado. Me refiero con ello a las de la Colección Real, la Real Fábrica de Tapices, el Museo de la Trinidad, las compras del Estado y los legados y donaciones de particulares y empresas.
- ¿Cuál es la evolución del bodegón en la pintura española que pretende reflejar esta exposición?
- La exposición comienza muy sobriamente con obra de principio del Siglo de Oro y se va enriqueciendo paulatinamente con las aportaciones del Barroco y el Neoclasicismo del XIX. Los bodegones de la primera etapa son más severos y solemnes que pasan a un tipo de bodegones más ricos con influencias del bodegón italiano y flamenco hasta alcanzar el apogeo en el XVII. En el siglo XVIII cambian las circunstancias con una nueva dinastía en el trono. Es la fase del Barroco más cortesano, del rococó, lo que se refleja en unos bodegones de la Edad de la Razón, de la Ilustración, y luego un bodegonismo más decorativo hasta llegar al Romanticismo. En estos escenarios Goya es un mundo aparte en el bodegón porque Goya si bien pertenece cuando es joven a la tradición del bodegón decorativo, cuando madura y se convierte en el genio por todos admirado: es el bodegón expresionista que avanza estética y formalmente por encima de todo sus coetáneos y ya preludia muchas de las ideas del siglo XX.
- ¿Qué lugar cree que ocupa el bodegón español en la historia de la pintura universal?
- Un lugar distinguido. Y cuanto más se conoce más se aprecia porque los estudios del bodegón español datan sobre todo de la segunda mitad del siglo XX: la primera gran exposición se realizó en 1936, y luego prosigue con mayor fuerza. Ya no se estudia sólo a los autores en su conjunto sino también individualizados.
-¿Qué atractivos tienen para usted los bodegones?
- Todos los bodegones que hemos traído se pueden poner en una casa. No es lo mismo que un inmenso paisaje o una de batalla porque los bodegones son piezas por lo general pequeñas, bellas, ponibles y prácticas que transmiten muchas ideas acerca de los usos y costumbres de las sociedades en medio de las cuales se produjeron. Los bodegones del siglo XVII tienen un simbolismo especial, a mitad de camino entre la alegoría y la religión con un espíritu reflexivo. Otros, en cambio, dan a conocer la manera de vivir de la época: las cocinas, las mesas servidas, los postres. Un poco ese mundo que muchas veces lo conocemos menos porque nos fijamos más en los retratos, en las grandes pinturas mitológicas, mientras que el bodegón es más tranquilo, refleja el día a día, la vida cotidiana. Muchas veces, como en Zurbarán, es silencio que se capta muy bien. Es la belleza de las cosas, la sensibilidad ante lo inanimado, la valoración de los objetos que nos acompañan, que acompañaron a las gentes en su día. El deseo de dar a conocer de una manera más adecuada e intima pues cosas a las que no se les daba importancia: flores, frutas, utensilios y ahí estriba su belleza, así como la combinación que hacen los maestros de la luz, el color, la perfección del dibujo, la armonía de las colocaciones de las obras.
- En este sentido, ¿qué opina de las voces que califican el bodegón de arte menor?
- Que lo vean con detenimiento, que lo estudien, y que en la creación no hay nada menor sino niveles de apreciación.
- ¿Por qué pierde el bodegón su carácter alegórico?
- Porque las épocas cambian y la sociedad cambia. No es lo mismo la sociedad del siglo XVII que la del XVIII, hay otros criterios. En el mundo del XVII la religión está muy presente en todo, prácticamente en un primer plano en la actividad diaria. En el XVIII esa idea cambia porque ahora se está pendiente de los avances científicos, de las recopilaciones de especies, lo que genera otro tipo de conceptos en el bodegón. Y en el XIX se pasa del último Barroco al Neoclasicismos y se inicia el Romanticismo y si siguiéramos avanzando en el XIX pues llegaríamos al bodegón realista que a veces es un poco bronco y duro, sin la íntima poesía del XVII, y llegamos al bodegón impresionista, etc. En cada época el bodegón responde con una transformación, es muy flexible.
- ¿Se puede hablar de un bodegón netamente español?
- Sí, claro que sí. Se diferencia perfectamente de otras escuelas.
- ¿Y cuáles son sus peculiaridades?
- El bodegón español tiene en muchas ocasiones una elegancia sobria, así como un claro rechazo a la superficialidad. Tiene un carácter concreto y un excelente dominio de la técnica, una manera de trasladar las actividades humanas más sencillas para elevarlas al rango de obras maestras como pasa con Zurbarán. Hablamos de bodegones aislados, de piezas, pero ¿en cuántos cuadros de nuestro siglo XVII lo maestros no incluyen bodegones? Zurbarán pinta en sus cuadros con el mismo amor un cacharro de cocina que una mano, o a un monje severamente vestido y sus llaves que lleva al cinto, o el libro que hay sobre una mesa. Y eso le da rango de obra maestra.
- ¿Hay motivos constantes en el bodegón español a pesar del paso de los años?
- Eso depende de las épocas. Aunque en pocas ocasiones encontramos objetos preciosos, como copas de plata que sí aparecen en los bodegones decorativos franceses y flamencos, que son muy bellos. Estos objetos son menos frecuentes en el bodegón español.
- Los autores de la exposición son Juan Van der Hamen y León, Juan Fernández El Labrador, Francisco de Goya, Zurbarán?
- La exposición empieza con Van der Hamen, que procedía de una familia flamenca y es uno de los iniciadores de las naturalezas muertas en España, aunque prefiero denominarlas mejor naturalezas inertes o inanimadas. Es un pintor que conoce muy bien como trabajar la materia y como conseguir las piezas y reunir objetos que tengan atractivo. Luego está Felipe Ramírez, heredero de los conceptos de Sánchez Cotán. La colección incluye además bodegonistas de varios tipos, que pintan cacharros de cocinas, frutas, piezas labradas muy significativas hasta mostrar un bodegón más complicado. Es decir, de los severos y equilibrados de la primera etapa pasamos a bodegones más ricos y espectaculares. Zurbarán es un caso aparte, hemos traído a Tenerife una de sus obras maestras del Prado, su célebre bodegón. Un cuadro ante el que uno se convierte en una persona reverente, que admira el silencio que parece estar pintado en la obra. Luego están los bodegones de flores y en el XVIII obras de Luis Egidio Meléndez, de los que hemos expuesto seis de la colección de 40 que posee el Museo. No puedo olvidar el bodegón de Goya, un pintor que tuvo dos fases: el bodegón tipo tema de caza de los cartones de la Real Fábrica, al tremendo bodegón de las aves muertas, donde las aves parecen casi ajusticiadas. No hay belleza sino fuerza, expresividad, casi dolor expresados con una pincelada muy libre y suelta que le hace avanzar muchas décadas hasta casi enlazar con el siglo XX. Y luego están los bodegones más de florero tradicional, muy decorativos, hasta acabar la exposición con Eugenio Lucas Velázquez quien parece que en pleno siglo XIX dirige su mirada a los bodegones flamencos porque los que pinta son muy exuberantes.
- ¿Qué bodegones destacaría de la exposición por su rareza?
- El de Felipe Ramírez porque es el único que se conoce de su autoría; y por su carácter especial, el de Zurbarán. También el florero vertical de Juan de Arellano; las grandes sandías de Meléndez; las aves muertas de Goya y de Miguel Parra un cuadro que muestra un paisaje de un palacio valenciano que nunca se reconstruyó. Son todas ellas piezas muy puntuales.